domingo, 17 de febrero de 2013

Capítulo sesenta y siete.

¡HOLA! Creo que ahora me tarde menos en actualizar, que el capítulo pasado...
En fin, ahora si me inspire escribiendo el capítulo, y siento que es el mas largo que he escrito hasta el momento.
Espero les guste tanto como a mi, y BIENVENIDAS nuevas lectoras.

Muchas gracias a todas y cada una de ustedes por seguir leyéndome  no saben lo contenta que me pone ver que aun tengo "vistas" en mis entradas. Gracias por siempre entenderme, en serio, se merecen un abrazo de oso y una galletita.

Ahora si, pararé mi parloteo y las dejaré leer el capitulo.
Espero tengan una bonita semana.

Besos.
Yanan.



Tres horas después, me encontraba caminando por el aeropuerto de Barcelona, rezando para que se me hiciera fácil encontrar un taxi disponible. Moría por ver la cara de Mel cuando me viera.
Salí del aeropuerto algo nerviosa, ya que mi español no era demasiado bueno, solo sabía palabras básicas y sentía que me arrepentiría de no haber tomado las clases de español que ofrecía mi Universidad, en California. Para mi suerte, un señor regordete de ojos azules y cabello cano se acercó a mí. Yo era un poco más alta que él así que me dio ternura.
— ¿Necesita un taxi? —preguntó.
—No hablo muy bien el español. —respondí con una sonrisa.
—No se preocupe. —respondió en inglés y con una sonrisa. Suspire aliviada.
Me ayudo con mi equipaje y caminamos hacia su taxi. Era un señor agradable. Me abrió la puerta y subí. Ya dentro del auto, busque en mi bolso una hoja donde tenía anotada la dirección de la oficina de Melanie, llegaría ahí, ya que no sabía dónde vivía. Le enseñe la hoja a Manuel –el taxista- y el con otra sonrisa me dijo que no estábamos a más de veinte minutos de la Avenida Diagonal, que es donde se encuentra el edificio en donde trabaja Melanie.
Después de unos minutos hablando, se detuvo frente a un edificio de 6 pisos. Se bajó y yo me baje después de él, me ayudo con mi equipaje y le pague. Cuando me encontré a mí misma, sola fuera de ese edificio, la emoción estaba por hacerme brincar como niña pequeña, pero me contuve.
Arregle rápidamente mi cabello, me acomode mi bolso y tome mi maleta con mi mano derecha. Abrí la puerta y camine hacia la recepcionista. Los que se encontraban en la sala de espera me miraban raro.
— ¿Si? ¿En qué te puedo ayudar? —pregunto la chica frente a mí, y no tuve idea de lo que dijo, solo había entendido el “si” y el “ayudar”. Así que le pregunte si sabía hablar inglés, a lo que ella asintió.
—Busco a Melanie, ¿Está disponible?
— ¿Quién la busca?
—Oh, no quiero que sepa que soy yo, vengo a darle una sorpresa desde Londres… ¿podrías ayudarme? —la chica me miro con cuidado, pero al final acepto. Levanto el auricular y tecleo un número, después se encontraba hablando en español, mientras lo hacía no dejaba de mirarme… no tenía idea de lo que decía. Después de unos segundos que se me hicieron eternos, colgó.
—Puedes pasar, toma el elevador y ve hacia el 2do piso, y es la cuarta puerta a la derecha.
—Muchas gracias. —dije mientras me dirigía hacia los elevadores.

En cuanto llegue al segundo piso, seguí las indicaciones que la chica de la recepción me había dado. Tope con una puerta. No sabía si tocar o simplemente entrar. Opte por la segunda opción. Al momento en el que entre sin tocar, Melanie salto molesta de su silla. Sus reacciones pasaron de molestia a sorpresa en un dos por tres.
— ¿Qué? —grito. — ¡Sam! ¿Qué haces aquí? —le dio la vuelta a su escritorio y camino hacia mí. Nos abrazamos fuertemente dando brinquitos por toda su oficina.
—Quería darte una sorpresa.
— ¿Cómo? Samantha, pudiste haberte perdido, debiste de haberme avisado.
—No, si te hubiera dicho, mi sorpresa no sería sorpresa…
—Mi mamá se pondrá tan feliz de verte. —dijo caminando hacia su escritorio. Tomo el teléfono y comenzó a hablar en español. Minutos después colgó, tomo su bolso y camino hacia mí de nuevo. —Tengo la tarde libre, así que vámonos, tenemos mucho de qué hablar.

{***}

La casa de Melanie estaba como a una hora de donde trabajaba. Era un municipio llamado Arenys de Mar. Prácticamente había elegido ese lugar por su mamá, así que la distancia al final del día no le importaba con tal de verla feliz. Durante el trayecto habíamos pasado por unas cuantas casetas de pago, las cuales iban a cuenta de la empresa en la que trabaja Mel.
Antes de llegar a su casa, hicimos una parada para comprar algunas cosas para la cena, así que en cuanto nos subimos de nuevo a la camioneta, Mel condujo directo y sin escalas a su casa.
Se detuvo frente a una casa de dos pisos. Fachada blanca, con ventanas y puertas en acabados vanguardista, tal y como era el gusto de Mel, pero aun así se podía ver por las flores, que su mamá había puesto su granito de arena en la decoración. Me baje de la camioneta realmente sorprendida. Lograba sentir la brisa del mar golpear mi rostro.
Mel abrió la puerta principal y el olor a pastel de zanahoria golpeo mi nariz. Aventó las llaves sobre un cenicero de cristal que estaba en una mesa cerca de la entrada. Me hizo una seña para que no hiciera ruido.
— ¡Mamá, ya estoy en casa! —grito mientras caminábamos por un pasillo.
—Estoy en la cocina… ¿no es muy temprano para que estés aquí?
—Tengo la tarde libre. —contesto, yo la seguía muy de cerca.
Llegamos a la cocina, la mamá de Mel nos daba la espalda, así que Mel con una sonrisa me puso detrás de ella. —Oye, ma… tengo algo muy importante que enseñarte.
— ¿Sobre qué? —pregunto mientras seguía rayando algunas zanahorias. Era extraño verla cocinar después de tanto tiempo, pero sin duda, después de lo poco que lograba ver sobre ella, seguía siendo esa señora elegante y sofisticada. El cáncer no había hecho nada en ella.
— ¿Podrías mirarme cuando te hablo? —bufó Mel, lo que me hizo casi soltar una carcajada.
— ¿Qu…—pregunto girándose— ¡Oh Dios mío! —dijo cuándo Mel se movió hacia la derecha, dejándome en descubierto.
—Sorpresa. —respondí con una sonrisa. —camine hacia ella y la abrace, ella me respondió con un abrazo más fuerte. Me recordaba tanto a mi mamá, que estuve a nada de soltarme a llorar en su hombro.
—Sam hija, ¿Qué haces aquí? ¿Cuándo llegaste?
—Vine a visitarlas… llegue hoy, hace unas horas.
—Qué bonita sorpresa, justamente le he estado preguntando a Melanie que cuando te podría invitar. —puso sus manos sobre mis mejillas y beso mi frente. —Para festejar, haré yo misma de cenar… el postre ya está hecho, así que… Melanie, muéstrale la casa y su habitación, la cual no está preparada, por cierto, así que debes hacerlo también, mientras preparo la cena.
Dejamos a la mamá de Mel silbando en la cocina, y subimos al segundo piso, donde Mel me enseño la habitación de su mamá, después la suya, para por ultimo mostrarme la habitación en la que yo dormiría, que estaba justo al lado de la de Mel. Me ayudo a desempacar y después de un rato, su mamá nos llamó para cenar.
La cena fue increíble, me recordó tanto a las cenas que solíamos tener cuando éramos chicas y nuestras mamás se juntaban. Todo fue risas, confesiones, hasta que llego el postre, donde las tres nos pusimos un tanto sentimentales recordando a mis papás, después volvimos a sonreír, hasta que el reloj marco las once de la noche y la mamá de Mel se disculpó y subió a su habitación para descansar.
Nosotras nos encargamos de la limpieza, así que para cuando terminamos, Mel me invito a conocer su jardín, el cual tenía una terraza demasiado perfecta, una piscina y una hermosa vista a la playa. Mel tomo una toalla y salimos hacia la playa, caminamos en silencio por la arena y nos sentamos a ver el reflejo de la luna sobre el mar, mientras la brisa despeinaba nuestros cabellos.
—Ya veo porque no quieres regresar a Londres, esto es hermoso, Melanie.
—Lo sé, es hermoso… pero si quiero regresar a Londres, a veces… Solo que mi mamá esta tan feliz aquí que no quiero quitarle eso, además, no sé, sería difícil no despertarse con esta vista.
Estuvimos una hora más, hablando de todo y de nada, hasta que el cansancio se apodero de nosotras.
— ¿Cuánto tiempo piensas quedarte? —pregunto fuera de su habitación.
—No sé… ¿Cuánto tiempo puedo quedarme?
—El que quieras, por mí sería increíble que te quedaras aquí conmigo.
—No estaría mal, ¿sabes?
—Aunque quisieras, no podrías dejar Londres, Sam… o más bien, no podrías dejar de ver a Danny.
—Eso no es verdad.
—Sabes que si lo es. Ahora que lo recuerdo, no hemos tocado un tema que empieza con “h” y termina con “ombres”.
—Acabo de llegar, Mel, no me atormentes. Tenemos muchos días para poder tocar ese tema, solo déjame disfrutar unos días sin esa palabra, por favor. —rogué, a lo que ella rió.
—De acuerdo… descansa, Samantha. Te quiero. —me mando un beso y se encerró en su habitación, a lo que yo imite.
Después de haberme lavado la cara y cepillado los dientes y ponerme mi pijama, entre en esa cómoda cama y caí rendida en los brazos de Morfeo. Todo aquí era tan pacifico… era perfecto.

(***)
Era la mañana del jueves, el ambiente olía a hot-cakes, huevos y tocino. Me estire y camine hacia el baño para alistarme y bajar a desayunar. Me puse algo cómodo, unos shorts de mezclilla, una playera holgada que tenía un corazón rojo en el centro, y unas sandalias, deje mi cabello suelto para que se secara.
En la cocina, ya estaba Diana, la mamá de Mel, poniendo la mesa, bese su mejilla y me ofrecí a ayudarle. Minutos después bajo Melanie, con un atuendo más relajado que el que tenía ayer.
— ¡Buenos días! —dijo.
—Buenos días. —respondimos al unísono.
— ¿No iras a trabajar hoy? —pregunto Diana extrañada.
—Hable con Antonio, mi jefe —específico hacia mí, para que  yo entendiera—y le explique que había venido una amiga de visita, así que pedí unos días libres…
— ¿No te pueden correr por hacer eso? —pregunte.
—Claro que no, Antonio se volvería loco sin mí, soy como su mano derecha. —dijo dándole un sorbe a su zumo de naranja. —Prácticamente puedo hacer lo que quiera y no me pasa nada.
Mi celular vibro en mi bolsillo trasero, así que lo saque y vi que me había llegado un mensaje de Karen que decía que la boda se había adelantado a Marzo, ya que había habido una confusión de fechas y ya no podría ser en Mayo como lo habían planeado desde un principio, así que me pidió que le avisara a Mel y su mamá.
— ¿Quién es? —pregunto Mel, quien ponía en la mesa un plato lleno de hot-cakes, que le hacían compañía a otro que estaba lleno de huevos y tocino.
—Es Karen, dice que la boda se cambia para el 17 de Marzo…
— ¿Qué no era en mayo?
—Sí, pero la cambian por un problema que hubo en las fechas… dicen que esperan que ustedes si puedan ir.
—Yo no creo poder ir, Sam. —dijo Diana. —Ya tenía un viaje con unas amigas planeadas para esas fechas… pero estoy segura que Melanie si ira, ¿verdad?
—Claro que si… además de que ya me hace falta ir y ver como esta todo por allá.
—Mel, ¿estás de acuerdo que la boda es en casi 1 mes, cierto? —asintió, mientras pinchaba su tenedor en un pedazo de tocino. —Me preocupa tu trabajo…
—No debería… no me he tomado vacaciones desde que llegue, además de que como te dije, Antonio no tendrá problema alguno, además de que tengo una asistente muy eficiente.
—Una razón más a la lista de “ahora entiendo porque Melanie no regresa a Londres.” —dije lo que provoco risas en Mel y Diana.

{***}

Ya tenía casi dos semanas en Barcelona y mañana por fin, regresaría a Londres. No había hablado con nadie, salvo con Tom y las chicas, y de vez en cuando con Adam, pero solo en mensajes, fuera de eso, nunca nos llamamos.
Me encontraba tendida sobre una toalla a la orilla del mar, cuando una sombra se puso sobre mí, impidiendo el paso del sol. Abrí los ojos y vi a Melanie mirándome fijamente.
— ¿Qué?
—Ya mañana te vas. —dijo poniendo una toalla a mi lado. —No quiero que te vayas.
—Pero nos veremos de nuevo en unas semanas.
—No será lo mismo, Sam.
—Lo sé. —respondí mientras me sentaba. —Pero prometo venir a visitarte más seguido de lo que te puedas imaginar. Además, tú también puedes ir a visitarnos, así todos estaremos felices, ¿qué dices?
—No suena mal… tal vez si vaya algunas veces al año.
Nos quedamos en silencio, solo mirando hacia el horizonte y dejando que el romper de las olas inundara nuestros oídos.
—Oye, Sam… creo que es hora de que hablemos de la palabra que empieza con “h”…
—Lo sé.
—Bien, empieza tú… yo no tengo nada que hablar, ya sabes todo lo que ha pasado entre Dougie y yo últimamente.
—De acuerdo… No sé qué hacer, no me siento completamente feliz con Adam… no lo amo, Mel, y el a mí sí, pero yo no, y no puedo seguir haciendo que pierda su tiempo conmigo, es un buen chico, merece a alguien que en verdad lo ame, no nada más que lo quiera mucho…
— ¿Por qué no terminas con él?
—No quiero lastimarlo.
—Lo entenderá, Sam. Lo lastimaras más si le mientes sobre tus sentimientos, incluso tú también saldrás lastimada.
— ¿Ese es tu consejo? —Asintió
—Sí. Ahora solo tú debes tomar la última palabra. —suspire fuertemente. — ¿y Danny? ¿Sigue con Vanessa?
—Si… pero no lo entiendo, me sigue mandando señales confusas.
— ¿Tus sentimientos siguen exactamente igual hacia él?
—Más fuertes, creo yo.
—Me caen mal, ni tu ni el hacen algo al respecto.
—No es tan fácil.
—Claro que lo es, solo que ustedes lo hacen más difícil de lo que es, deberían abrir los ojos y darse cuenta de que son el uno para el otro. Él te complementa y tú lo complementas, no entiendo como no se dan cuenta de eso, todos lo sabemos menos ustedes, por dios, si pudiera y tuviera la manera de hacerlo, ya los hubiera unido de alguna u otra manera.
— ¿En serio crees eso?
—Demonios, sí. Y no soy la única, como te digo, todos saben que lo son, Sam… pero no podemos hacer nada, solo ustedes pueden.
—No creo que Danny deje a Vanessa… en Nueva York, cuando salíamos a caminar, ellos se quedaban atrás y se detenían afuera de tiendas de vestidos de novia. —suspire tristemente al recordar esas partes del viaje.
— ¿En serio? —pregunto asombrada.
—Sí.
—Oh… bueno…
— ¿Ahora entiendes que no es tan fácil?
—Ok, no es fácil… pero no es imposible. Y es lo último que diré sobre ese tema. —se puso de pie antes de que pudiera hablar al respecto. —Vamos a refrescarnos al mar.
Bufé molesta, pero al final la acompañe. En parte, Melanie tenía razón.


(…)


Era mi última noche aquí, así que las tres habíamos decidido que esto ameritaba una cena en algún restaurante de aquí.
Cuando terminamos el postre, de mi bolsa saque una cajita y un paquete, la cajita era para Mel, así que se lo acerque, y el paquete se lo di a Diana.
—Estos son mis regalos que les compre para Navidad, lo sé, algo tarde, pero no quería que no tuvieran algo de mi aquí. Así que espero les guste.
Ambas abrieron sus respectivos regalos. A Mel le había regalado un brazalete donde estaban grabadas nuestras iniciales y a Diana le regale una caja de chocolates de sus favoritos y un libro de un autor que le encantaba. Ambas me abrazaron y agradecieron el regalo. A Mel le mostré mi muñeca, ya que yo también tenía un brazalete exactamente igual, como señal de nuestra amistad.
Después de caminar un rato por la playa, decidimos que era hora de regresar a la casa.

Mel y yo decidimos pasar la noche juntas, como cuando éramos pequeñas. Nos acostamos en su cama y nos quedamos mirando el techo mientras recordábamos nuestra niñez… El reloj marcaba las 7am cuando por fin nos quedamos dormidas.


(…)


A causa de nuestra larga noche, nos despertamos a las tres de la tarde, así que con prisas, ya que debía estar en el aeropuerto a las cinco, ya que mi vuelo salía a las seis de la tarde, Mel me ayudo a empacar todo mi equipaje.
Eran las 4pm. Me despedí de la mamá de Melanie e intente no llorar de nuevo. Salimos hacia la camioneta de Melanie, subimos mi equipaje y mientras íbamos en el auto, íbamos comiendo unos sándwiches que su mamá nos había preparado.
Faltaban 10 minutos para las 5pm, así que Melanie casi corriendo detrás de mí, me acompaño a documentar mi equipaje, para cuando lo hice, ya pude relajarme. Nos sentamos en la sala de espera y seguimos hablando hasta que anunciaron mi vuelo.
— ¿Cuándo iras a Londres?
—Tratare de estar allá un día antes de la boda y si no, nos veremos el mismo día, pero nos veremos, eso es lo importante.
—Más te vale ir, no puedes no ir.
—Estaré ahí, lo prometo. ¿Quién te recogerá en el aeropuerto?
—Hable con Adam, así que él lo hará.
—Bien… entonces, ¿ya tomaste una decisión? —yo asentí. —Perfecto, me cuentas que paso.
Ahora sí, nos despedimos con un abrazo y yo camine hacia la señorita que sellaba los boletos, diciéndole adiós con la mano.



{***}


Eran las 9 de la noche cuando aterrizamos en Londres. Salí del aeropuerto con mis maletas, esperando ver a Adam por ahí, pero al no hacerlo, me senté en una de las banquitas que se encontraban afuera. Saque mi celular y me puse a hacer nada con él.
—Hola…—susurraron en mi oído, haciendo que brincara en mí asiento, asustada, girándome para ver la cara de Danny a tan solo unos centímetros de la mía.
— ¡Danny! ¿Qué haces aquí? ¡Me asustaste! —Dije poniéndome de pie, con el pulso al 100%
—La última vez me dijiste que solo dijera “hola.”
—Si mal no recuerdo, dije que me saludaras como la gente normal, no que casi me mataras… —exhale el aire que no me había dado cuenta que estaba conteniendo. — Y ¿Qué haces aquí?
—Vine por ti.
— ¿Por mí? —Pregunte confundida — ¿Y Adam? —el solo se encogió de hombros apenado.
— ¿Tienes hambre? —pregunto mientras tomaba mi equipaje y me incitaba a comenzar a caminar.

No entendía nada, parecía que el mundo estaba contra mí, tratando de mantenerme confundida en una daily basis.







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miércoles, 6 de febrero de 2013

Capítulo sesenta y seis.

Perdonen la tardanza, aquí les dejo el nuevo capitulo.
Espero les guste y no se les olvide dejarme sus comentarios
y likes.
Gracias por la espera.

Yanan.





— Iré a verificar su vuelo, permítame un segundo. —dijo la señora detrás de su escritorio, haciendo que mi mente dejara de divagar.
Yo asentí y me cruce de brazos mientras esperaba que regresara. Sentía la mirada de mi acompañante taladrando mi cabeza. Por primera vez me arrepentía de haberle pedido que me acompañara. Tom no dejaba de hacer preguntas y me sentía mareada.
— ¿Cuándo pretendes volver, Sam?
Suspire.
—Tranquilo. —me gire y lo encare. — Me haces sentir como un criminal en un interrogatorio. —el sonrió—Volveré en dos semanas, no sé la fecha exacta, si quieres que sea sincera.
—Pero si regresaras, ¿cierto?
— ¿Por qué no lo haría? —él se encogió de hombros. La señora regreso antes de que siguiéramos hablando, yo lo mire haciéndole saber que necesitaba explicarme por qué había dicho eso.
La señora coloco frente a mí, el boleto de avión y prosiguió a explicarme mi itinerario señalando con la punta de un bolígrafo cada paso.
Saldría el miércoles 9 de Enero, eso quería decir que me iría en algo así como dos días y el boleto de regreso lo compraría en Barcelona, ya que aún no me decidía cuando regresar.

Después de pagar, nos dirigimos hacia el auto de Tom y salimos hacia su casa. Íbamos en silencio, pero Tom me miraba de vez en cuando, y yo no sabía el porqué, puesto que ya había respondido todo lo que me había preguntado en la agencia de viajes.

Aparco su auto, pero no quito los seguros. Lo mire y me seguía mirando fijamente.
— ¿Qué? —pregunte.
— ¿Por qué no le dijiste a Adam que te acompañara a comprar el boleto? No es que me moleste acompañarte, lo sabes, solo se me hace un poco extraño que el siendo tu novio no haya ido, eso es todo.
—Ni siquiera le he dicho que me iré. —mordí mi labio avergonzada mientras él me miraba sorprendido. —Eres el único que sabe… de hecho. Le diré hoy en la noche. No hemos hablado desde ayer que me dejo el taxi en mi casa.
— ¿Segura que regresaras y no te quedaras en Barcelona con Mel y su mamá? No estas huyendo, ¿cierto?
— ¿Por qué huiría? —él se encogió de hombros— solo iré a visitar a mi mejor amiga y a su mamá, además de que necesito un tiempo a solas para pensar muchas cosas.
—Así que supongo el quedarte a solas con Adam no ayudo mucho. —negué con un movimiento de cabeza.
—No, en lo absoluto… Siento que Adam va muy rápido, Tom, el en serio me ama… aun no acepto el traslado a Italia que le hicieron porque dijo que lo debía pensar, no lo acepto porque está conmigo. Quiero irme y tomar una decisión que nos sirva a todos, tampoco quiero que renuncie a uno de sus sueños por estar conmigo, ¿me explico?
—Entonces te apoyo en eso de irte de improvisto a Barcelona. Me imagino que Mel está muy feliz de que vayas.
—De hecho, Mel no sabe que iré.
— ¿Qué? —me miro con una ligera sonrisa —En serio que a ti te falta un tornillo, ¿Qué si no está Mel esos días?
—Me iré a un hotel o algo… Le avisare una noche antes. —Tom rio mientras negaba con la cabeza.
Hoy era el día en que todos nos reuníamos en casa de Tom para platicar y cenar, así que mientras los demás llegaban, nos pusimos a preparar algunas botanas, además de que me enseño a hacer el cheescake de Nutella. En cuanto cerré la puerta del refrigerador, todos comenzaron a llegar.
La mesa central de la sala estaba llena de platos con las botanas que habíamos preparado horas antes y botellas de cerveza y latas de refresco. Todos estábamos pasando un buen rato, hablando de todo y nada.

Mientras los demás seguían hablando, gire ligeramente mi cuerpo hacia Adam, quien estaba tomando mi mano y le sonreí.
— ¿Qué crees? —hable. Él puso toda su atención en mí, ignorando la plática que tenían los demás. Se encogió de hombros. —Hoy le pedí a Tom que me llevara a una agencia de viajes y compre un boleto para Barcelona, iré a visitar a Mel y a su mama. Me iré el miércoles. —termine con una gran sonrisa.
— ¿Qué? ¿Te vas a Barcelona y ni siquiera me preguntas o dices algo? —dijo en un tono demasiado elevado, provocando que toda la habitación guardara silencio y pusiera sus miradas en nosotros. Yo sentí que mis mejillas se comenzaban a poner rojas, por la vergüenza y el coraje. No sabía que Adam reaccionaria así. —Sam, soy tu jodido novio, ¿porque no me habías dicho? —siguió con el mismo tono de voz. Todos seguían observándonos, yo no quería mirar.
—Este…
—No Samantha, en una relación todo se consulta antes, joder. —concluyo la frase, poniéndose dramáticamente de pie del sofá y caminando hacia el jardín trasero de Tom, dejándome sola en la habitación.
Quería llorar.
Tome aire y me gire lentamente, dándoles la cara a todos mis amigos, quienes me miraban preocupados.
Aclare mi garganta y sacudí una inexistente pelusa de mi pantalón. Mis ojos picaban.
—Iré… iré… saldré a ver como esta Adam. —dije poniéndome de pie rápidamente. Camine hacia el jardín, el silencio y las miradas me siguieron. Antes de abrir la puerta para salir. Me sujete de la pared y tome una bocanada de aire, para así evitar que las lágrimas salieran. ¿Qué había sido eso?

Después de unos segundos tratando de tranquilizar mis nervios abrí la puerta y camine hacia donde estaba Adam. Él se percató de mi presencia pero no dijo, ni hizo nada.
— ¿Es en serio, Adam? —hable yo, ya que el al parecer no diría nada. —Me acabas de dejar en vergüenza frente a mis amigos, por una estupidez. ¿Por qué hiciste esto? No es un pecado, ¿Dónde dice que te tengo que pedir permiso para poder ir a visitar a mi mejor amiga? —ok, estaba molesta y sentía que estaba siendo un poco… bueno, algo dura con él. —No puedes solo gritarme así y dejarme sola en una habitación llena de gente, simplemente no es correcto.
—Lo siento, ¿sí? Me deje llevar. ¿Por qué no me dijiste a mí antes? Podríamos haber ido juntos a comprar unos boletos y…
—No, Adam… es un viaje que necesito hacer sola, solo fui a comprar un boleto con mi amigo. No te avise, porque fue algo que se me ocurrió ayer en la noche y en cuanto desperté le llame a Tom, ya que no quería molestarte, porque estabas enfermo la noche anterior y quería dejarte descansar, por Dios.
—De acuerdo, pero pudiste haberme enviado un mensaje, o algo por el estilo Sam.
—No te iba a pedir permiso. —él se quedó en silencio unos segundos.
—Siento que soy el último en enterarse de todo lo que haces, pero que no sea Danny porque a él hasta lo que no haces en el día.
— ¿Qué? ¿Por qué metes a Danny en esto?...
—Porque siempre es Danny, todo es Danny…
—Adam, desde un principio tu sabias todo, y aun así decidiste intentar…
— ¡Ah, lo sé! —Se llevó  ambas manos a la cara —siento que estoy constantemente compitiendo contra él, aunque no quieras aceptarlo, tú sigues teniendo sentimientos hacia él. —su tono de voz no bajaba, nunca lo había visto así y trataba de hacerme a la idea de que era culpa de los medicamentos que estaba tomando y de las cervezas que se había bebido minutos antes.
—No voy a permitir que me sigas hablando en ese tono, Adam… así que, te pido por favor, que vayas a tu casa, te relajes y después me llames.
—Sam, yo no quería…—bajo su voz e intento acercarse a mí, pero yo di un paso atrás.
—Por favor, Adam, ve a casa y cuando te sientas mejor, me llamas y hablamos.
Dejo escapar un suspiro y asintió. Se quiso acercar a mí para darme un beso en los labios, pero gire mi cara haciendo que me lo diera en la mejilla.
Me quede de pie en el jardín, viendo como un Adam arrepentido salía hacia el estacionamiento, por la puerta de servicio.
Me sentía pésimo, y no culpaba a Adam, me sentía mal porque él se sentía de esa manera, no era justo para ninguno. Y nuestra primera pelea era esta, había empezado por algo a lo que yo veía como una estupidez, pero el simplemente exploto, convirtiendo todo esto en torno a Danny, él y yo. Me urgía irme, aunque mi felicidad por irme a Barcelona se había visto ensombrecida. Me urgía estar sola y pensar. Me urgían los consejos de Melanie. Me lleve mi mano a la boca y mordí la palma de mi mano, mientras gritaba, para que nadie me escuchara.

Ya que me sentí mejor, entre a la casa y me dirigí a la habitación. Como lo supuse, al momento de poner un pie en la sala, todos  guardaron silencio y sus miradas, en especial la de Danny, estaban puestas en mí, intente ignorarlas, así que solo me senté en el sillón y espere a que siguieran con su plática.
— ¿Todo está bien, Sam? —pregunto Emma, quien estaba a mi lado.
—Adam pidió que lo disculparan, tuvo que irse. —dije. Todos me miraron con más insistencia, sentía la confusión en sus miradas. Me ponían nerviosa e incómoda, así que no dejaba de jugar con el vaso que tenía en mis manos.
—Así que Barcelona, ¿eh? —dijo Danny después de unos segundos de silencio, atrayendo mi atención, eleve mi cabeza, mientras una sonrisa aparecía en mis labios.
Danny siempre sabía que decir y hacer en los momentos más oportunos.
{***}

Ya eran las once de la noche del martes. Mañana me iba a Barcelona y Adam no me había llamado en todo el día. Me deje caer en el piso, junto con mis maletas mientras soltaba un largo suspiro. Sentía que había jodido todo y que ahora Adam me odiaría o algo por el estilo.

Me puse de pie a regañadientes y termine de arreglar todo, le iba a llamar a Melanie para decirle que mañana estaría allá, pero se me había ocurrido que sería mejor hacerle una sorpresa a ella y a su mamá.
Me metí en la cama, y estire mi brazo para apagar la luz de mi mesa de noche. Tome mi celular y me acurruque con él. Tenía un mensaje de Danny deseándome un buen viaje. Sonreí al leerlo. Pero después el recuerdo de Adam me borro la sonrisa. No quería que esto terminara así, no de esta manera… además, ni siquiera sabía si quería que terminara.
(…)
Apague el despertador y con una energía, extraña para mí a esas horas de la mañana, me puse de pie. Camine al baño, para ducharme y arreglarme. Me puse algo cómodo para el viaje, unos jeans, una playera básica cuello V, unos vans con cordones, dejando una sudadera cerca de mi bolso, por si en el vuelo me daba algo de frio. Me prepare de desayunar algo ligero, frutas con yogurt natural y un vaso con zumo de naranja. Estaba emocionada.
Eran las 9 de la mañana y debía estar en el aeropuerto en media hora. Saque mi cepillo de dientes de mi maleta de mano y me los lave rápidamente. Cuando estaba guardando los últimos detalles en mis maletas, alguien toco la puerta. No esperaba a nadie, así que camine hacia ella y me asome por la mirilla. Era Adam. Con un ramo de rosas rojas. Suspire y abrí la puerta.
—Adam.
—Sam…—estiro su mano y me entrego las flores.
—Gracias. ¿Qué haces aquí?
—Pensé que podíamos hablar antes de que te fueras.
—Debo estar en diez minutos en el aeropuerto, Adam. Pensé que me llamarías ayer.
—Sí, pero no pude, no sabía que debía decirte.
—Llévame al aeropuerto, podemos hablar en el trayecto. —una sonrisa apareció en sus labios.

Llegamos al aeropuerto. En su auto, Adam me había pedido perdón por la escena que había hecho el otro día en casa de Tom. Yo también le había pedido perdón por haberle dicho todo lo que le dije, aunque no lo sintiera del todo, solo había sido dura al hablarlo.
Bajo mis maletas y me acompaño hacia la sala de abordar, esperando a que anunciaran mi vuelo. Cuando lo hicieron, nos pusimos de pie al mismo tiempo y caminamos hacia la señorita que revisaba los boletos.
—Creo que esta pequeña separación nos hará reflexionar las cosas, Adam. Siento que debemos pensar bien todo.
—Sí… cualquier cosa, llámame, Sam.
—Lo haré. Cuídate por favor.
—Lo mismo te digo a ti.
—Creo que es momento de que me vaya.
—Te quiero. —se acercó y beso mis labios. No me separe, pero tampoco me quede mucho tiempo haciéndolo. Él se sorprendió, pero entendió mi mensaje.
—Yo también. —le dije, mientras que con mi pulgar, limpiaba el brillo que mis labios habían dejado en los suyos.

Le di la espalada y camine hacia la señorita que estaba frente a mí. Ella tomo mi boleto y me deseo un buen viaje. La emoción volvía a mi ser, sentía miles de cosas en la panza.

Barcelona, allá voy. Pensé mientras una gran sonrisa se pintaba en mis labios. Todo volvía a su curso.






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lunes, 21 de enero de 2013

Capítulo sesenta y cinco.

Realmente, sin inspiración para dejarles una
entrada decente.
Espero les guste el capitulo, a mi me agrado como quedo,
espero a ustedes igual.
¡Bienvenidas nuevas lectoras! Si quieren que les avise
cuando suba, déjenme su user de twitter
o su tumblr :)

No olviden dejarme sus comentarios, ya que son los que me dan ese empujoncito
que a veces necesito para seguir con el fic.

Las quiero.
Yanan.



El reloj marcaba las siete de la mañana, solo había dormido como una hora, máximo. Me encontraba dando vueltas por la habitación, tratando de pensar todo… Adam había estado a punto de decirme que me amaba, pero la cuenta regresiva del nuevo año, lo interrumpió. ¿Qué debía hacer? Yo no lo amaba… yo lo quería, le tenía demasiado cariño, ¿pero amarlo? No.
Me sentía asustada. ¿Qué pasaba si después de esto quería decírmelo de nuevo? Yo no sabría que responderle, y no quería ser grosera con él ni romperle el corazón, pero tampoco podía mentirle.

Me aventé a la cama, de espaldas y con las manos en la cara. Necesitaba hablarlo con alguien, ¿pero con quién? En Barcelona, donde estaba Melanie, era casi medio día, y por experiencia sabía que no respondía el teléfono después del año nuevo, ya que dedicaba ese día exclusivamente a su mamá, así que ella quedaba descartada. Danny, él también estaba descartado, Emma y Karen odiaban ser despertadas a esta hora de la mañana, además, si teníamos en cuenta que habíamos llegado al hotel a eso de las seis de la madrugada, estaba claro que no las iba despertar, Harry y Dougie… no, también descartados, no es como que no les tuviera la confianza, si se las tenía, pero no sabía cómo hablar de estos temas con ellos, así que el ultimo de mi lista era Tom… necesitaba hablarlo con alguien, así que, él era el indicado.
Estire mi brazo hacia la mesita de noche y tome mi celular, lo desbloquee y me dirigí hacia mis números favoritos, di clic sobre el nombre de Tom y espere a que respondiera.

 El teléfono seguía sonando, me entro el remordimiento de despertarlo, cuando estuve a punto de cortar la llamada, respondió.
— ¿Sam? —hablo con la voz ronca en un susurro.
—Err… sí.
— ¿Todo bien? —escuche del otro lado de la línea, como algo había caído. Supuse que estaba intentando encender la lámpara que estaba sobre la mesa.
—Realmente, no sé. ¿Crees que podamos hablar? Prometo no quitarte mucho tiempo… —conforme decía eso, me avergonzaba a mí misma por haberlo despertado por algo que, para otras personas, podría esperar, pero no para mí, necesitaba saber qué hacer. Había un silencio del otro lado. Apretaba el puente de mi nariz, en señal de frustración. — Oye, sabes que… creo que puedo esperar hasta que estemos completamente descan-
—No, está bien, Sam. Solo dame unos minutos y te busco en tu habitación. —suspire aliviada.
—Gracias, Tom.
—Síii…—dijo desvaneciendo la “i”, y terminando la llamada.

Me puse de pie, estaba completamente nerviosa, así que seguí dando vueltas por la habitación. Sabía que era una dramática, pero es que esto no estaba planeado, ¿Cómo podía amarme? Era demasiado rápido.
Unos ligeros toquecitos en la puerta, me distrajeron. Suspire y camine hacia allá.
La abrí y ahí estaba Tom, en pijama y con un beanie en su cabeza, supongo que cubriendo su despeinado cabello.

Lo invite a pasar, camino hacia la cama y se dejó caer. Yo me quede de pie frente a él, no sabiendo por dónde empezar a hablar.
—Bien, soy todo oídos.
—Bueno, es que… —empecé a platicarle todo, desde lo que me dijo Adam y que apenas y logre escuchar por todo el alboroto que había a nuestro alrededor, hasta lo que soñé –o no- y que hizo que me despertara. — Antes de que empezara la cuenta regresiva, él estaba diciendo algo, decía que no podía más y de que era el momento adecuado… Empezaba con la palabra “te”, entonces, yo dormida, es como si hubiera captado que me iba a decir “te amo”, mi deducción es que me ha dicho muchas veces “te quiero”, entonces ¿Por qué esta vez seria especial? Estoy 100% segura de que me iba a decir que me amaba… ¿Qué si me amaba?
—A ver, déjame ver si te entendí. Hablas demasiado y muy rápido, toma aire ¿sí?—hablo Tom, el cual se encontraba totalmente despierto, sentado frente a mí en la cama. Asentí y lo mire expectativa. —Dices que Adam iba a decirte que te amaba… —volví a asentir. — ¿Estas segura? —Volví a asentir— De acuerdo, con lo que me dices, también pienso que te iba a decir eso, pero, ¿qué tiene de malo? —Lo mire con cara de obviedad — Oh, ¿tú no lo amas?
—No… lo quiero, mas no lo amo… es muy rápido para decir la palabra que inicia con A.
—Bueno, eso de rápido o no, depende de la persona, pero ok, no lo amas… ¿tienes miedo de que te lo vuelva a decir?
—Sí, no quiero lastimar a Adam, pero en serio que no estoy preparada para escuchar eso y no sé qué hacer si me lo llega a decir de nuevo, no es que quiera romperle su corazón.
—Lo mejor de los casos y yo, como tu amigo, te diría que fueras sincera con él en ese momento. Sería lo mejor. Además, puede que algún día lo llegues a amar, ¿no crees? —me encogí de hombros y lo mire fijamente. —Sam… —después de unos segundos, hablo— creo que debes pensar muy bien si esta relación es buena, para ti y para él, puede que Adam este 100% metido en ella, ¿pero tú? ¿Tu estas igual de metida en la relación como él?
—No quiero lastimarlo. —dije al fin.
—Lo sé, por eso debes pensar y meditar bien la situación. Piensa en lo que es lo mejor para ambos y por milésima vez, piensa en ti. —asentí triste— ¿si eres feliz siendo su novia?
Suspire.
—Danny me pregunto lo mismo hace unos días. —reí fingidamente.
— ¿Danny? —pregunto extrañado.
—Sí, y le dije que sí, pero, no sé, supongo que sí lo soy… ¿Por qué no debería estarlo? Quiero decir, Adam me quiere muchísimo.
—De acuerdo, pero puede que tu corazón, —señalo mi pecho— y tu cabeza —coloco una de sus manos en mi mejilla— están en otro lado, algo así como, ¿el piso de arriba?
—Tom…
—Piensa bien las cosas. —miro el reloj de la mesita de noche. Marcaban las nueve de la mañana. —Es mejor que vaya a dormir algo. —asentí. 
Ambos nos pusimos de pie y caminamos hacia la puerta, estando ahí, el me abrazo fuertemente mientras me decía palabras de aliento al oído. 
—Te quiero. —dije separándome del abrazo. El apretó mi nariz, y beso mi mejilla.
—Yo también. Piensa bien las cosas. Y trata de no pensar de más, porque eso también te hace mal.
—
Perdona por haberte despertado.
—No importa, ¿para qué estamos los hermanos? —me guiño el ojo y yo lo abrace de nuevo.
—Gracias.

 Dicho eso, nos separamos y el salió de mi habitación para dirigirse a la suya.
Ya más tranquila, cerré las cortinas para que no entrara la luz del sol y me metí de nuevo a la cama, quedándome dormida al instante.

{***}

Era 3 de Enero, nos encontrábamos en el aeropuerto esperando que anunciaran el vuelo de los chicos y las chicas. Adam y yo no regresaríamos a Londres hasta el 7 de Enero, ya que la sede de la agencia de modelaje en la que trabajaba, se había enterado que estaba de vacaciones en la ciudad y le habían pedido que se reuniera con ellos el 4, así que él me había pedido que lo acompañara unos días. No pude negarme. Y no podía negar, que tenía miedo de que ahora que nos quedáramos solos, me tratara de decir de nuevo la palabra con “a”.

Anunciaron el vuelo de los chicos, todos nos pusimos de pie y nos empezamos a despedir. En realidad no entendía por qué todo esto de la despedida, siendo que en unos días nos veríamos de nuevo. No quería que se fueran, no quería quedarme sola con Adam. Sola la idea de lo que pudiera suceder, me aterraba.
El único que sabía todo esto, era Tom, así que al momento de despedirme de él, me hablo al oído.
— ¿Ya pensaste las cosas?
—No realmente.
— ¿Qué planeas hacer entonces?
—Supongo que en estos días lo descubriré. Creo que me ayudara un poco estar más tiempo con él, no sé.
—Si, tal vez tengas razón, sabes que cualquier cosa, puedes hablarme y acordar una sesión por Skype. ¿Crees que sería bueno que pusiera un consultorio para ayudar psicológicamente a otras personas? —golpee su brazo, ya que se estaba burlando de mí.
—Nos vemos en unos días. —le di un abrazo y un beso y se alejó.

Danny se acercó hacia mí, después de haberse despedido de Adam. Me miro en silencio por unos segundos y me abrazo. Fuertemente. De esos abrazos que hacen que tus piernas se aflojen y solo quieras fundirte con la otra persona. Lo abrace igual. Se separó de mí y me miró fijamente en los ojos. Sentía que podía ver mi alma y yo la suya, su mirada era sincera, triste y tierna al mismo tiempo. Danny no quería que me quedara con Adam. Lo sabía y lo había sentido en su abrazo.
—Cuídate, —me abrazo de nuevo— Sam. Te espero en Londres. —me dejo de abrazar y me miro de nuevo.
— ¡Pórtate mal! —gritaron Harry y Dougie, mientras hacían señas y movimientos obscenos, para después simular que se daban un beso en los labios. Danny solo les dio un golpe en la cabeza y los jalo para que siguieran caminando. Después, Danny comenzó a caminar solo, sin los demás, Vanessa se despidió rápidamente de mí y prácticamente tuvo que correr hacia él y tomar su mano, ya que la había dejado atrás.

Oh, Danny… ¿Por qué si tanto te molesta no haces nada al respecto? Me pregunte en silencio, mientras veía como todos iban desvaneciéndose en la distancia.

Adam y yo nos regresamos al hotel, y fuimos a nuestras habitaciones. En el trayecto no habíamos hablado casi nada y me ponía nerviosa que Adam sospechara algo o me preguntara si me sucedía algo, así que le había dicho que tenía ganas de darme una ducha y que nos veríamos para cenar.

Cuando la noche llego, salimos a cenar a un restaurante muy mono. La velada había pasado tranquila, había logrado comportarme como si no hubiera sucedido nada, o como si no estuviera por suceder algo, así que haba disfrutado la noche.
La mañana siguiente habíamos dando un tour por la ciudad y habíamos ido a lugares a los cuales no habíamos ido con los chicos.

Al otro día, que era la cita de Adam con la agencia, salimos juntos y mientras entraba a su cita, yo me había puesto a caminar por los alrededores. Para cuando Adam salió, yo ya estaba sentada en una banca fuera del edificio, con dos cafés, y dos panecillos, uno para él y uno para mí. Beso mis labios y se sentó a mi lado. Le entregue su café y su panecillo.
— ¿Y bien? ¿Cómo te fue? ¿Qué querían?
—Bien, pensé que me iban a despedir o algo por el estilo. —sonrió mientras le daba un mordisco a su pan.
— ¿Qué te dijeron entonces?
—Quieren que me vaya a su agencia en Italia, no saben si a la de Milán o a la de Roma, pero que definitivamente necesitan a alguien como yo allá, que han recibido critican increíbles de mí y que les encantaría tenerme allá.
—Wow, eso está padrísimo, Adam. Era lo que más querías, ¿no? —Asintió tímido— ¿y que les dijiste? ¿Aceptaste? —negó con la cabeza, lo que hizo que abriera mi boca en una gran “o”.
—Les dije que me dieran tiempo de pensar bien las cosas, y les pareció bien, yo les avisare que es lo que he decidido.
—Pensé que ya lo tenías decidido, era uno de tus sueños, era algo que querías desde hace mucho, ¿qué fue lo que cambio?, ¿por qué no quieres ir?, ¿por qué debes pensarlo?
El seguía en silencio, así que lentamente, elevo sus ojos y me miro. Y de pronto entendí por qué no había aceptado. No lo había aceptado por mí. Lo mire.
—Piensa bien lo que debes hacer, Adam. No me digas nada, solo piénsalo bien antes de que tomes una decisión. —suspiro y me sonrió tristemente.
Nos quedamos en silencio, mientras seguíamos mordiendo nuestros panecillos, ya fríos, al igual que nuestro café.


{***}


Llegamos a Londres a las ocho de la noche del 6 de Enero. El taxi se detuvo fuera de mi departamento, y con ayuda de Adam, baje mis maletas. No deje que entrara, ya que el último día que habíamos pasado en New York, él se había enfermado al comer algo, no quería que se agitara, así que lo mande, casi obligado, a su casa. Fuera de mi edificio, nos despedimos con un  beso rápido.
—Cualquier cosa me llamas, Adam. Lo que necesites, a la hora que sea, no importa, tu llame.
—De acuerdo, igual tú.
—Te quiero. —lo abrace rápidamente y me separe de él.
—Si… —suspiro— yo también. —me miro rápidamente, como si quisiera decirme algo con su mirada, pero al parecer yo estaba demasiado ciega y no lograba verlo.
Se subió al taxi, me dijo adiós con la mano y arranco.

Aventé
las llaves en el cenicero de la entrada, mientras cerraba con el pie la puerta. Deje las maletas en el pasillo y camine hacia el teléfono, ya que el foquito rojo que avisaba nuevos mensajes, estaba brillando, presione el botón y me senté en el sofá, mientras masajeaba mis pies y escuchaba los mensajes que había recibido en mi ausencia.

Mensaje número 1, recibido el día 2 de Enero, a las quince con cincuenta y cinco minutos.
Samantha, me acabo de enterar que se fueron a New York y no me invitaron. No sé si sentirme con ustedes o dejar de ser su amiga, o simplemente olvidarlo… —Era Melanie, su voz me había hecho sonreír— Solo quiero decirte que te quiero mucho y que me haces mucha falta, en serio, amiga, necesito verte y no, no hablo de verte por Skype, necesito tenerte aquí conmigo… ¿crees que eso pueda suceder algún día? En serio no sé cuándo pueda regresar a Londres, o siquiera si vaya a regresar, así que necesito verte… Bueno, eso es todo, espero este año sea bueno y bla, bla, te quiero muchísimo, Sam. No te olvides de tu querida amiga, Mel.


Era el único mensaje que había recibido en mi ausencia. Y si, Melanie tenía razón y se me había ocurrido hacer algo al respecto.
Les mande un mensaje de texto a  los demás, avisándoles que ya había llegado y que los vería después.

Lo que resto de la noche, me la pase deshaciendo maletas, duchándome, cenando y dibujando, cosa que no había hecho en mucho tiempo. A la una de la mañana, me recosté en mi cama y trate de dormir.
Ya mañana sería otro día.
Y necesitaba comprar un boleto de avión para Barcelona.


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lunes, 7 de enero de 2013

Capítulo sesenta y cuatro.

¡Hola! Espero el inicio de año les haya sonreído. 
Hoy no tengo mucho que decir, solo que espero les guste el capitulo,
Se que hay momentos en los que se torna un poco aburrido y quieren mas acción entre
Danny y Sam, pero entiendan que deben pasar cosas para que esos dos estén juntos,
y no puedo dejarlo así de fácil...
Habrá cambios en el fic, si, y por lo mismo debo volver a poner
en orden TODAS mis ideas y así, todos los que leemos este fic, podremos estar contentas.
Sepan que leo cada uno de sus comentarios, y trato de tomar en cuenta todo lo que me dicen, así que, no crean que me hago de "oídos sordos", así que espero que me sigan llenando mis comentarios con sugerencias, consejos, etc... lo aprecio demasiado.

Y sobre todo, GRACIAS, por seguir leyendo a pesar de que hay partes que puede que no les guste y/o les agrade.
Antes de que lean el capitulo, nada mas las quiero invitar a leer el fic de Zoé, {+} una de mis amigas, es de Dougie, y esta HERMOSO, es mi favorito, así que vayan y lean y sean buenitas así como son conmigo.

DISFRUTEN EL CAPITULO y recuerden dejar sus comentarios.
Besos.
Yanan.

Pd. creo que a partir de la siguiente entrada, los capítulos empezaran a ser mas largos (o eso espero)
pd2: si cambian de username en twitter, ¡HAGANMELO SABER!


Nos habíamos ido al bar del hotel para hablar, según el más cómodamente. No tenía nada que hablar con él, siendo sinceras, al menos no en cuanto a felicidad se refiere.
Estábamos sentados en la barra, en unos taburetes altos, de madera y forro rojo. Le daban un toque antiguo al bar.
No podía mirar a Danny, seguía pensado mi respuesta y trataba de sonar lo más convencida posible en ella.
— ¿Entonces? ¿Eres feliz? —repitió.
— Danny, ¿a qué viene esta pregunta? —dije al fin, mirándolo a los ojos. A sus grandes y azules ojos.
—Solo contesta.
—Sí, soy feliz… ¿Por qué no debería de estarlo? —al pronunciar esas palabras, sentí como un nudo en la garganta se me iba formando. Tome el vaso con agua que estaba frente a mí y me lo bebí de un trago esperando que me quitara el nudo de mi garganta.
¿De dónde había sacado las fuerzas de decirle justo en su cara que si estaba feliz con Adam? Una cosa era hablar de mi vida en general y decirle que estaba feliz con ella, a que el me preguntara sobre mi relación con Adam y sobre si estaba feliz con él. Si estaba feliz con él, pero es que Danny siempre estaba en mi mente. Lo mire de reojo, estaba jugando con su vaso.
—Me alegro por eso. —dijo por fin, mirándome. La sombra de una sonrisa se hizo ligeramente visible en sus labios. Pero su mirada me decía eso.
—Creo que deberíamos ir a alistarnos.
Nos pusimos de pie. Me gire para quedar frente a Danny.
— ¿En serio te alegras? —pregunte en un susurro.
—Sam… —se acercó a mí. Estiro su mano y coloco un mechón de cabello que se había escapado de mi coleta, detrás de mí oreja. Sin pensarlo dos veces, presiono suavemente sus labios en mi frente, para después abrazarme. —Claro que me alegra. Todo lo que quiero y pido es que tú seas feliz, ¿Cuántas veces te lo voy a tener que repetir? Te mereces ser feliz. —me apreté más a él, rodeándolo con mis brazos, mientras mi cabeza descansaba en su pecho. Lograba escuchar los latidos de su corazón. Suspire y me aleje, mirándolo fijamente.
—Yo también quiero que seas feliz, Danny.
—Lo soy. Si tú lo eres, yo también lo soy, es así como funciona esto ¿no? —le sonreí de nuevo y lo abrace fuerte y rápidamente.

Salimos del bar y nos dirigimos al elevador para subir a nuestras respectivas habitaciones. Íbamos hablando como en los viejos tiempos, y Danny ya estaba menos serio, a diferencia de la actitud que tenía desde que habíamos salido de Londres y habíamos llegado aquí. Me alegraba eso, no quería que no disfrutara esta viaje, me preocupaba que tuviera una mala presentación o algo por estilo, así que ver que poco a poco que iba relajando era un gran paso.

Las puertas del ascensor se abrieron en mi piso, dio un paso hacia adelante y me gire para sonreírle a Danny, el me sonrió de vuelta antes de que las puertas se cerraran, al hacerlo, camine directo hacia mi habitación, cuando vi que Adam iba saliendo de la suya.
—Hola. —dijo acercándose coquetamente hacia mí. —Estaba por irte a buscar ya que no respondías el teléfono de tu habitación.
—Sí, baje a buscar mi bolso, lo había olvidado en el sofá.
— ¿Lo estuviste buscando por una hora? —pregunto confundido. ¿Una hora? ¿Había pasado una hora con Danny allá abajo? Tome la muñeca de Adam, levante su camisa y mire el reloj, faltaban treinta minutos para las seis y yo seguía sin arreglarme.
—Sí, lo que pasa es que al encontrarla, me encontré a Danny y me quede platicando con él un rato.
—Oh…—fue todo lo que dijo.
—No me he arreglado… ¿crees que alcance a darme un baño? —dije mientras caminaba hacia mi habitación. Adam iba siguiéndome.
—Uno rápido, sí. Uno de burbujas y sales importadas, no.

En cuanto puse un pie en mi habitación, me iba deshaciendo de mis zapatos y mi coleta. Camine hacia mi maleta, me incline para acostarla en el piso y así poder sacar unos pantalones ajustados negros, unos botines –también negros- que tenían unas tachuelas doradas adornando la parte de atrás, un blazer –negro también- y una camisa de lentejuelas dorada, saque una bolsa pequeña roja, que sería la que usaría en esta noche y una bufanda del mismo color de rojo. Adam se había acostado sobre mi cama, así que rápidamente, dándome cuenta de que estaba distraído, saque mi ropa interior, una bolsa donde tenía mis artículos personales y me enfile al baño.
—No tardo. —grite mientras cerraba la puerta.
Quince minutos después, me encontraba vistiéndome en el húmedo cuarto de baño. El botón de mi pantalón no cerraba, así que estaba dando brinquitos por todo el baño tratando de cerrarlo.
—Maldita sea. —gruñí. Tenía el cabello en la cara, comenzaba a morir de calor gracias al vapor de la ducha y no podía salir del baño, ya que Adam estaba ahí.
— ¿Todo bien? —dijeron detrás de la puerta. Era Adam. — ¿tienes problemas?
— ¡No, claro que no, la cena de navidad no está causando efecto en mi ropa…!—grite sarcástica. Adam solo rió  Suspire dándome por vencida. ¿Qué tenía que Adam me viera en brassiere? Era como un bikini, así que decidida, quite el seguro de la puerta y me dirigí hacia la cama, tirándome boca arriba en ella, Adam me miraba extrañado. Intente por última vez cerrarme el botón del pantalón acostada, y funciono. Suspire nuevamente. 
Me puse de pie, tome la blusa que me pondría y me la coloque, después me seque el cabello, y lo deje suelto, me maquille y me puse perfume. Por ultimo me calce los botines, me puse el blazer y la bufanda y estuve lista.
—Eso fue rápido. —hablo Adam, quien seguía recargado en la pared.
—Mi tiempo record. —dije tomando mi bolsa. —Ya deben de estar esperándonos.

Bajamos tomados de la mano y efectivamente, todos ya estaban ahí esperándonos. Adam me culpo por la tardanza y yo solo golpee su hombro. Salimos del hotel, y decidimos ir caminando, en vez de tomar un taxi o algo por el estilo.
Después de haber recorrido rápidamente los alrededores, fuimos a un restaurante de comida tailandesa y ahí cenamos. La noche paso tranquila. Todos estábamos relajados y divirtiéndonos.


{***}


El 31 de Enero llego. Los chicos se habían ido temprano a hacer la prueba de sonido, comerían allá y nosotros una hora antes de que el festival empezara, nos veríamos con ellos. Así que habíamos optado por quedarnos en el hotel y Adam por su lado se la había pasado haciendo y recibiendo llamadas.
El viaje estaba siendo demasiado divertido. Ayer nos había tocado ver un desfile a favor de los derechos de las parejas del mismo sexo, después habíamos ido al museo, a caminar por el Times Square, y por último, nos dimos el lujo de ir de compras.
Emma y Karen habían ido por algo a sus habitaciones, ya que se cambiarían aquí en la mía, así que me habían dejado a solas con la ya no tan desagradable Vanessa.
Ella me empezó a platicar o más bien presumir un poco su vida. No tenía mucho que envidiarle, hasta cierto punto me daba un poco de pena que fuera tan egocéntrica, presumida y arrogante. Y entre más pensaba por qué Danny salía con ella, mas quedaba en claro que no sabía el porqué de Danny se había fijado en mí.

Vanessa era todo lo que yo no era. Rubia, de ojos hermosos, labios perfectos y rojos, piel de porcelana, era alta, pechos redondos y grandes, cabello corto y brillante, risa perfecta y una gran lista. En cambio yo, mi cabello no era del todo rubio, el de ella era casi amarillo, el mío en cambio, era más obscuro, mis labios eran lo que yo consideraba normales y rosados, mi piel tenia algunas pecas esparcidas y llegaba a sentir que la piel ligeramente bronceada que tenía en California se estaba esfumando, mi cabello era largo y con delicadas ondas, mi risa era una completa molestia, mis ojos eran verdes, era más chica que ella, yo tenía que ponerme de puntillas para besar a Adam o cuando besaba a Danny, tenía que hacerlo también…, mis pechos eran más pequeños, éramos tan diferentes… en pocas palabras, ella era como una Barbie.
—
¿Me escuchaste? —hablo sacándome de mi ensoñación.
—Sí. —respondí cansina, mientras seguía hojeando mi revista.

(…)

Adam se fue, al igual que Vanessa, quien dijo que quería darse un baño relajante, dejándonos solas a Emma, Karen y a mí. Entre pláticas, música y cambios repentinos de vestuario, estuvimos listas.
Emma se había puesto una falda, una blusa de una tela un tanto transparente, y debajo de esta se puso un top a juego. Para que no le diera frío, opto por una medias, unas botas y un abrigo. Karen se vistió con un vestido azul marino, medias obscuras, un abrigo que le llegaba a la rodilla y unos tacones cerrados. Por mi parte, yo opte por unos jeans, una blusa de cuello de tortuga algo holgado color gris, una chaqueta de piel negra que se amarraba con un listón de la misma tela, una bufanda de un gris más obscura que la blusa y los mismos botines negros que me había puesto hace dos noches. Guarde mi celular, mi cámara, unos cuantos billetes, algo de maquillaje y labial y mi tarjeta de crédito en una bolsa negra que había comprado para esta noche. Mi cabello lo torcí y lo anude en un recogido alto, dejando algunos mechones sueltos, haciendo que luciera casual y despeinado. Mi maquillaje fue más elaborado… bueno, no tanto, solo me delinee los parpados con un lápiz color café obscuro, me puse un poco de polvo en las mejillas, haciendo que se vieran un poco bronceadas, y mis labios los pinte de rojo, les di dos capas de mascara a mis pestañas, me coloque mis aretes, anillos y pulseras. Y me rocié un poco de perfume.
Cuando todos estuvimos listos, bajamos y tomamos un taxi que nos llevara hacia el Hard Rock Café. Al llegar, ya había una larga fila fuera, esperando a que los dejaran entrar. Nosotros teníamos pases especiales, así que al llegar a la entrada los mostramos y nos dejaron entrar, una persona en el backstage nos llevó a donde estaban los chicos preparándose. Era un total caos. Caminamos por un pasillo que estaba rodeado de estuches de instrumentos, hasta que llegamos a una pequeña habitación al final de un pasillo. En la puerta se leía “McFLY” en un papel blanco. Entramos y encontramos a los chicos sentados en un sofá charlando. Saludamos y estuvimos un rato hablando con ellos, antes de que alguien viniera a decirnos que nos fuéramos a tomar nuestro lugar.

Caminamos hacia una especie de balcones, justo enfrente del escenario. Poco a poco vimos como la pista y nuestros alrededores se iban llenando. Nos la estábamos pasando bien, Emma y Karen parecían llevarse mejor con Vanessa, mientras que Adam y yo hablábamos de todo un poco. Los meseros nos traían cosas de beber, así que estábamos pasándonos un buen rato.
Las luces se apagaron y salió el presentador del evento. Dio la bienvenida y agradeció antes que nada, a las bandas que se estaban presentando. Y así como hablo, se fue, dando inicio al concierto.
Antes de que los chicos salieran, pasaron 5 bandas, así que cuando fue su turno, nosotras empezamos a gritar como locas, y nos dimos cuenta de que ellos también habían sido muy bien recibidos, lo que les sorprendió. Su setlist estuvo compuesto de canciones como “Party Girl”, “Five Colours In Her Hair”, “Lies”, “Shine a light”, “Nowhere Left To Run”, “all about you” entre otras. Todas y cada una de ellas, fueron coreadas por el público presente. Al terminar, con Shine A Light, dieron las gracias y salieron del escenario.
Habían estado increíbles y todos los presentes hablaban de su presentación. Me sentía realmente feliz por ellos. Segundos después, Tom nos envió un mensaje diciéndonos que nos verían en la salida. Tomamos nuestras cosas y nos dirigimos hacia donde estaban ellos.
Al verlos, tenían una gran sonrisa en su rostro, los cuatro estaban satisfechos por la respuesta de los presentes. Los felicitamos y después de hablar un poco sobre la presentación, decidimos que estaría increíble hacer el conteo final del año, en el Times Square.
Decidimos irnos caminando, ya que estábamos a tan solo tres cuadras. Mientras caminábamos, Tom y Danny iban hablando de un posible tour en Estados Unidos. Nosotros solo caminábamos en silencio y de vez en cuando hablábamos.

Times Square estaba lleno. No se podía caminar. Tratamos de hacernos espacio conforme caminábamos, al final, logramos llegar casi al centro del lugar, donde la pantalla se veía a la perfección.

Faltaban tan solo minutos para que nuevo año llegara, estaba con las personas que más quería y me sentía feliz. Había mucho ruido, casi era imposible escuchar nuestras propias voces, así que teníamos que gritar para hablarnos entre nosotros. Todos estábamos como en una especie de círculo.

Adam tenía su brazo sobre mis hombros, y yo con uno de mis brazos, abrazaba su espalda. Adam me apretó más a él, para después inclinarse un poco hacia mí, besando largamente mi sien. Después sentí su cálido aliento golpear mis oídos, haciendo que me estremeciera.
—Oye, Sam… hay algo que quiero decirte—logre escuchar con dificultad, a causa del gran alboroto que nos envolvía. Lo mire un tanto confundida y trate de acercarme más a él para escucharlo mejor— creo que es el momento adecuado de decirlo, además de que no puedo más… te…— y no logre escuchar el término de su frase.
En ese momento todo mundo comenzó a gritar — ¡Cinco, cuatro, tres, dos, uno, FELIZ AÑO NUEVO! —comenzó a caer confeti a nuestro alrededor, empezaron a lanzar fuegos artificiales y todos nuestros acompañantes se habían comenzado a abrazar. Adam se giró hacia a mí, apretándome más a él, y me comenzó a besar, el famoso beso de año nuevo.  Nuestros amigos se dejaron venir hacia nosotros, interrumpiéndonos, entre gritos y abrazos. Tenía unos completos locos como amigos. Después de que dejaron de abrazarnos, fue mi turno de abrazar a Adam, me puse de puntillas, envolviendo su cuello con mis brazos.
—Feliz año nuevo. —susurre, aunque sabía que no me escuchaba. El coloco los suyos en mi cintura y me dedico una sonrisa. — ¿Qué me estabas diciendo? No te escuche muy bien, gracias a los gritos. —dije muy cerca de su oreja. El me sonrió cariñosamente, después se inclinó para besar mis labios, se acercó a mi oído y me susurro un “feliz año hermosa”, para después abrazarme con muchísima ternura.
Cuando la gente se fue yendo, decidimos que era hora de que regresáramos al hotel. Al llegar, todos estábamos muertos, así que cada quien se fue directo y sin escalas a su habitación.
Adam me dio mi beso de buenas noches y espero hasta que entrara a mi habitación. Al estar dentro, me despoje de mi ropa, me puse el pijama, me lave la cara y los dientes y me aventé dentro de la cama, dejando que el cansancio me venciera.

«…Te amo.»
Me desperté sobresaltada. Las palabras de Adam retumbaban en mi cabeza. Mi corazón latía a mil por hora. ¿Había entendido bien o lo había soñado? No, Adam… Adam iba a decir que me amaba, me amaba…




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