jueves, 11 de abril de 2013

Capítulo setenta y uno.

Perdón por haberme ausentado por casi 3 semanas,
pero entre que fueron las vacaciones de Semana Santa y Pascua, no tuve tiempo, ni inspiración para abrir el archivo de Word, pero bueno, acá por fin les traje el capitulo. 

Muchas gracias por sus comentarios en el capitulo anterior, en serio lo aprecio mucho.

Espero les guste este y gracias por leer.
Saludos.

Yanan.



Sentía la mirada confundida de Danny detrás de mí, no le di importancia y lo ignore totalmente.

Esto no estaba bien. No podía ser así.

Prácticamente iba corriendo detrás de Adam, se movía muy rápido y la gente se interponía entre nosotros. Gritaba su nombre, pero no me escucha o tal vez me estaba ignorando. Temía caer por culpa de los tacones tan altos que llevaba, pero en parte no me importaba, necesitaba detenerlo y explicarle las cosas, no podía dejar que se fuera así.
— ¡Adam, por favor detente, permíteme explicarte! — en ese momento, frente al valet-parking, se giró y lo mire. Sus ojos estaban rojos y cristalinos, como si estuviera a punto de llorar, llevaba la corbata en su mano, su camisa y saco estaban abiertos. Mi corazón se apachurro y dolió por ver el estado en el que se encontraba. Adam no me hablaba. Tomó un gran respiro y se acercó a mí, mirándome directamente a los ojos. Estaba destrozado y todo era mi culpa. Sus ojos me mostraban tristeza, decepción, enojo, pero sobre todo cariño y mucho amor. Trague saliva, tratando de deshacer el nudo que tenía en mi garganta. Tomó mi rostro entre sus manos y yo puse mis manos sobre las suyas. Suspiro pesadamente. Una lágrima se asomaba en sus ojos color avellana. Esos ojos que siempre tenían ese brillo infantil, divertido y feliz, estaban apagados.
—Yo… yo lo sabía, y luché, te juro que luché, Sam. Pero siempre supe que al final iba a perder, no fui yo, ni tu… siempre fue, es y será Danny. —Lagrimas comenzaban a amontonarse en mis ojos, los cuales ya ardían. —Te amo, Sam…— las lágrimas comenzaron a recorrer mis mejillas, justo como lo hacían las de Adam— pero yo no soy él… nunca me querrás como a él, tus ojos nunca se iluminaran de la manera en la que lo hacen cuando lo ves, tus labios nunca sonreirán conmigo, de la manera en la que sonríen cuando él está cerca… —comencé a negar con la cabeza mientras mi maquillaje se arruinaba. Adam seguía con sus manos en mi rostro y yo no quería soltarlo. —Yo sé que me quieres, Sam, lo siento en mi corazón, por eso mismo y porque yo te quiero, es mejor que ya dejemos esto aquí, ambos merecemos ser felices, y yo no te puedo hacer feliz y lo que más quiero en este mundo, es verte feliz y enamorada… —el auto de Adam se detuvo detrás de nosotros. — Es mejor que me vaya… —se acercó lentamente a mí y planto un dulce beso en mis labios. —Te deseo lo mejor. —dijo y se separó de mí, caminando hacia su auto.

Me quede ahí de pie, viendo como Adam se alejaba de mí en la obscuridad, como las luces de su auto se perdían a lo lejos. Las lágrimas seguían cayendo. El chico que entregaba los autos, solo me veía con pena, para terminar yéndose de ahí, supongo que para dejarme sola.

¿Por qué me sentía tan mal si era lo que quería hacer? ¿Si yo planeaba terminar esta relación? ¿Por qué dolía tanto?

Mi pecho dolía. No podía dejar de llorar. Seguía viendo hacia el horizonte, donde minutos antes el auto de Adam había desaparecido. Baje la cabeza, tratando de tranquilizarme, pero nada ayudaba. Para cuando eleve la cabeza, una mano llena de pecas, me mostraba un tulipán rosa.
—No le digas a nadie, lo arranque del jardín. —lo tomé y le sonreí ligeramente. Me limpie las lágrimas y lo mire. —Lamento que haya terminado así.
—Iba a pasar, pero no pensé que sería de esta manera…—la voz se me quebró de nuevo. Danny se acercó a mí, y me abrazo. Yo coloque mi cabeza en su pecho, mientras lo abrazaba y dejaba que las últimas lágrimas se derramaran.

Para cuando me sentí mejor. Ambos decidimos regresar a la fiesta, donde al momento de acercarme a la mesa, Melanie y Emma se acercaron a mí, diciendo que habían visto llegar a Adam. Me miraron fijamente y comprendieron todo. Segundos después, me encontraba siendo devorada por un abrazo entre mis dos amigas. Danny ya se había sentado junto a Vanessa.

Trate de reponerme y dar lo mejor de mí en la fiesta. No quería arruinarle la noche a nadie, así que baile, trate de sonreír y bebí con todos ellos. Esto de fingir me salía muy bien.

Cuando la fiesta terminó, Emma y Tom me dijeron que ellos me llevarían a casa. Me sentía un tanto mareada, pero no era algo que me impidiera caminar o hablar con claridad.
Durante el camino, Tom se mostraba preocupado y yo no sabía si él ya se había enterado de lo que había sucedido con Adam, yo solo perdía mi vista en la carretera, tratando de entender por qué había aceptado todo en primer lugar, si yo sabía que nunca podría llegar a amar a Adam como él lo hacía. Todo lo que no quería, termino sucediendo. Lastime a Adam y me lastime a mí. No salió nada como yo quería que saliera y eso era lo que más me hacía sentir mal. Me sentía enojada conmigo. Todos me habían dicho que esto podría llegar a pasar y yo les decía que lo arreglaría antes de que sucediera, pero no hice nada al respecto.
Una lagrima cayo por mi mejilla y yo la limpie rápidamente.

Tom se detuvo fuera de mi departamento. Me despedí prontamente de ellos y baje. No me preguntaron nada, supongo que no querían presionarme. Les dije de nuevo adiós con la mano y entre.

Decidí subir las escaleras, en vez de tomar el ascensor. El repiquetear de mis tacones sobre el azulejo llenaba el silencio que había en todo el edificio. Al entrar a mi departamento, no tenía ánimos siquiera de despeinarme, quitarme el maquillaje y demás, solo me quite el vestido y tal cual, sin ponerme pijama, solo en ropa interior, me metí en mi cama e intente dormir. Quería que esto terminara rápidamente.



(…)



A la mañana siguiente, unos fuertes golpes a la puerta, hicieron que me despertara. Me talle la cara y trate de fijar mi vista en el reloj. Eran las doce del mediodía. Bufé y trate de ponerme de pie ya que los golpes no cesaban. Me levante de la cama y me di cuenta de cómo había dormido. Camine al armario y saque una playera que me quedaba grande y me la puse.

A pasos lentos y pesados, con un par de bostezos, me dirigí hacia la puerta. Era Melanie.
—Dios mío, Samantha. Tenía una hora tocando la puerta como loca desquiciada. Estaba a nada de tumbarla con mis propias manos. —la deje hablando y entre de nuevo al departamento, camine a mi habitación y me tumbe de panza en la cama.  A lo lejos escuche como cerraba la puerta y como el repiquetear de sus botas me indicaban que se iba acercando. A un lado de mí, el colchón se movió, dándome a entender que se había sentado. —Te ves pésimo.
— ¿Tu crees? —respondí sarcásticamente creyendo que no me escucharía ya que mi boca estaba presionada en el colchón.
—Sí… tienes todo el maquillaje de la noche anterior, los ojos hinchados y el labial… el labial creo que va en los labios, no en la mejilla. Ponte de pie, date un baño y después, saldremos. No te estoy preguntando. —dijo empujándome para que me incorporara. —Vamos, Samantha, mueve ese bendito trasero que la madre naturaleza te dio. —concluyo dándome un golpe en el trasero. Igual, no me moví, solo gruñí por lo bajo. No tenía ánimos de nada. —Samantha, lo haces por las buenas, o lo harás por las malas.
—No quiero.
—Sam…
—No.
—Bueno, tú te lo buscaste. —no sé de donde saco la fuerza, pero con un empujón, termino tirándome de la cama.
— ¡Hey! —me quejé mientras me sobaba la cabeza.
—Te lo advertí. Anda, ve a darte un baño, aquí te esperaré. —dijo acomodándose en mi cama, con una sonrisa triunfal.

Me di una ducha rápida, pero a pesar de eso, me había sentado bien. Salí del baño y Mel se encontraba con una sonrisa de enamorada en sus labios, mientras veía algo en su celular. Hice como que no la había visto, y camine a mi armario para tomar algo de ropa. Me vestí igual de rápido, solo me puse unos leggings, una blusa de punto a manga larga que me llegaba a medio muslo y unas botas. Me hice una trenza, dejando que cayera por mi hombro. Solo me puse un poco de mascara de pestañas y me tire de nuevo en la cama.
— ¿Lista? —pregunto Melanie elevando su mirada de su celular hacia mí.
—Sí… exactamente, ¿Qué haremos?
—Saldremos a comer y hablaremos de chicos. —se puso de pie y camino hacia la puerta de mi habitación. — ¿vamos?
— ¿Con quién te estabas enviando mensajes? No creas que no vi esa sonrisa…
— ¿Con quién más? Con Dougie. —abrí la boca en una “o” y le sonreí. —No es lo que piensas. Vamos, muévete Samantha. Muero de hambre.



(…)



Llegamos a un pequeño restaurante en el centro. Tomamos una mesa y segundos después el mesero vino a levantar nuestro pedido. Yo no tenía mucha hambre, así que solo había pedido una ensalada y un emparedado de pavo, Melanie, por su parte, había pedido la sopa del día y una hamburguesa con papas fritas. Mientras esperábamos, hablábamos de cosas sin importancia, no tocábamos el tema de los chicos.

En un momento de nuestra comida, tome mi celular y me perdí solo mirando la pantalla. Mi mente se había alejado de mí por unos segundos, hasta que Melanie hizo que regresara a tierra.
— ¿Qué piensas? —pregunto mientras se comía la última papa que había en su plato.
— ¿Debería llamarle a Adam?
—No creo que sea lo correcto, Sam. Supongo que ayer hablaron…
—Sí… y no. Solo me dijo que me deseaba lo mejor y que él no era Danny y… no sé, no quería que esto fuera así.
—Pero fue, y ya no hay nada que puedas hacer, Adam no se fue molesto ni contigo ni con él, fue algo que sucedió y ya no hay vuelta atrás, estoy de acuerdo que no fue la mejor manera, pero ya no puedes hacer nada para cambiarlo. Deja de lamentarte y lucha por lo que en verdad quieres, Sam.
¿Luchar por lo que quería? No sabía, era como… ¿Danny, que? No podía luchar yo sola por algo que en realidad ambos queríamos, o eso era lo que yo entendía. Ayer Danny al detenerme de ir detrás de Adam me había dado a entender que si quería estar conmigo. Tal vez era tiempo de que ambos volviéramos a hablar o tratar de dejar en claro todo.
—Supongo que tienes razón.
—No, no supongas… tengo razón, amiga.








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15+


sábado, 23 de marzo de 2013

Capítulo setenta.

¡HOLA!
Como siempre, perdonen la tardanza, no pude subirlo antes,
pero el capítulo ya tenia varias semanas terminado.
En fin, no tengo mucho que decir, solo que espero les guste, tanto como a mí y me dejen muchos comentarios.

Por cierto, la pregunta sobre a quien le gustaba "All Time Low" fue porque
estoy planeando en escribir un fic/novela, como lo llamen, inspirado en Alex, y pues quería saber
cuantas de ustedes eran fans, para ver si sí lo publicaba cuando lo terminara...

Pero bueno, ya que llegue ese momento se los preguntaré de nuevo.
Espero estén bien.

Yanan.



El día de la boda por fin había llegado. Me había levantado muy temprano para alistarme con calma, a pesar de que la noche anterior había sido la última despedida de soltera de Karen, no me sentía cansada en lo absoluto por no haber dormido lo suficiente.

Coloque mi vestido sobre la cama, con cuidado de que no se arrugara y camine hacia la ducha. Me di un baño y después de secarme y ponerme crema en el cuerpo, me puse una bata y espere a que Emma llegara, ya que nos alistaríamos juntas. Mientras esperaba, me había puesto a acomodar un poco mi habitación. Minutos después, el golpetear de mi puerta, me aviso que Emma ya estaba aquí.

Abrí y ahí estaba ella, con una sonrisa de oreja a oreja, acompañada de una chica a la cual no conocía. Las deje pasar, ella camino directamente a mi habitación, quitándose los converse que traía, su acompañante la siguió de cerca. Al entrar a mi habitación, coloco su vestido junto al mío, mientras que dejaba en el piso una bolsa grande, donde traía ropa extra y algunos otros complementos para su vestuario. La chica sin nombre, iba con un maletín, el cual coloco sobre mi escritorio. Yo solo observaba los movimientos de ambas sin entender.
—Oh, sí. Sam, ella es María, nos peinara y maquillara, María ella es Sam. —le sonreí a María, mientras le hacia una seña a Emma de que me acompañara, confundida me acompaño fuera de mi habitación.
—Emma, no tengo dinero para pagarle a una estilista, por eso habíamos decidido que nos alistaríamos juntas, para ayudarnos. —susurré para que María, quien estaba acomodando su maletín, no escuchara.
—Lo sé y lamento no haberte dicho antes… pero ella me debía unos favores, además de que quedaríamos mejor si alguien especializada en eso, nos ayudara.

Negué la cabeza y regresamos a mi habitación. Emma quería darse una ducha rápida, así que yo decidí ir a la cocina a preparar un poco de café y pan tostado.

Estaba demasiado emocionada por la boda de dos de mis mejores amigos, sabía que serían muy felices juntos, tal vez más de lo que ya eran y eso era lo importante.

Camine de regreso a mi habitación con una charola, la cual contenía nuestro intento de desayuno y lo coloque en mi escritorio. Emma ya había salido de la ducha y estaba cepillando su cabello.
—Gracias, Sam. No te hubieras molestado, no tengo mucha hambre… no debí de haber tomado ese tequila extra anoche.
—No es momento de arrepentimientos, nos la pasamos muy bien, Emma. Además, el café te caerá perfecto. Es algo ligero, yo tampoco tengo hambre. —a regañadientes tomo la taza y le dio un sorbo.
— ¿Has sabido algo de Adam? —pregunto mientras dejaba la taza sobre el escritorio, y tomaba su celular.
—No. No hemos hablado desde que se fue, a estas alturas ya no sé si estoy soltera o en una relación.
—Que lastima, hacían una linda pareja. —dijo mientras se sentaba en mi cama, yo la miraba con cara de ¿Qué dices? Y ella solo se encogió de hombros.

La primera en pasar a manos de María fue Emma. En su cabello, le hizo un recogido alto, con un ligero volumen y el fleco peinado hacia la izquierda. Su maquillaje, fue sencillo, un poco de sombras cafés y un delgado delineado sobre su párpado, con un color melocotón en las mejillas y terminando con un labial, también color melocotón. Con ayuda mía y de María, Emma se puso su vestido. Era un vestido color amarillo mostaza, con cuello “v” cruzado, y unas coquetas y pequeñas mangas, ceñido debajo del pecho y suelto hasta las rodillas. Completo su atuendo, con unas zapatillas color café,  un collar de cuentas moradas y cafés y un bolso de mano a juego.

Mi turno llego. No tenía idea de cómo quería mi maquillaje y peinado, pero María me dijo que confiara en ella. No sabía cómo resultaría aquello, pero decidí hacerle caso, ya que me había gustado como había quedado Emma.

Una hora y media después, estaba lista. Mi cabello estaba recogido a la altura de la nuca. María había hecho una raya en medio, haciendo tomando 2 mechones de cabello y enrollándolos -como si fuera una trenza incompleta- a cada lado de mi cabeza y la sujeto –ambas “trenzas”- en la parte de atrás. El cabello suelto de mi nuca, lo fue enrollando alrededor, como si lo hiciera descuidadamente y lo sujeto con algunas horquillas. Mi maquillaje fue totalmente diferente al de Emma, mis ojos llevaban una sombra blanca, con un ligero tono café casi invisible, con un ligero delineado obscuro al final del párpado uniéndolo con la parte de abajo, solo para dar énfasis en el ojo, terminando con varias capas de mascara de pestañas. Mis mejillas fueron coloreadas discretamente con un tono bronceado y por último, a mis labios le aplico un labial rojo. Quede encantada por mi peinado y maquillaje.

María tenía que irse, así que Emma la acompaño a la puerta, mientras yo terminaba de alistarme. Me deshice de la bata, y me puse mi vestido. Emma llego a tiempo, para ayudarme a cerrar el cierre que tenía en la parte de atrás.
Mi vestido era color rojo carmín, a comparación del de Emma, era largo y recto, de doble tela, una delicadamente pegada a mi cuerpo y la segunda era casi transparente que solo servía para darle movilidad al vestido, el escote era de corazón, y tenía un detalle cruzado hacia la derecha. De accesorios opte por un collar que tenía un pequeño diamante, un anillo igual de discreto y unos aretes que también tenían un diamante.

A las cinco de la tarde, Tom llego por nosotras. Habíamos terminado justo a tiempo. Nos pusimos perfume, tomamos nuestros abrigos y bolsos y salimos hacia el auto de Tom.

Como todo un caballero que era, nos estaba esperando en la recepción. Al vernos, nos dio una vuelta y nos dijo que nos veíamos estupendas. Caminamos hacia su auto y nos subimos.

La misa y la fiesta serían en el mismo lugar. Era un jardín a las afueras de Londres. No tardamos mucho en llegar, ya que Tom se sabía un atajo, así que 10 minutos antes de las seis de la tarde, nos encontrábamos buscando a los demás. A lo lejos, vimos a Dougie, Danny y Vanessa, caminamos hacia ellos para saludarlos. Todos se veían muy bien, hasta podría decir que Vanessa se veía bien, pero no lo haría.
— ¿No ha llegado Melanie? —pregunte, tratando de evitar la mirada de Danny.
—Sí, había ido a ver a Karen. —respondió Dougie, para después mirar detrás de mí con una sonrisa, me gire para ver a quien veía y me encontré con mi guapa amiga, quien venía encantadora con un vestido largo color azul. Nos saludó y mientras lo hacía, la marcha nupcial comenzaba a sonar.

Nos acomodamos en nuestros lugares, mientras veíamos caminar a Harry del brazo de su mamá. Al vernos nos sonrió, se le notaba nervioso. Después de que varias personas desfilaran por el pasillo, logramos ver a Karen. Tenía una gran sonrisa en su cara. Se veía hermosa y despampanante. A pesar de haber ido a varias pruebas de vestido con ella, ninguna de nosotras sabía cuál iba a ser su elección. Su vestido era sencillo como ella. La parte de arriba era un drapeado strapple y con escote en forma de corazón, con pedrería plateada a la altura de la cintura que simulaba la separación a la parte de abajo, que era lisa y con un elegante volumen, la cola no era larga, pero tampoco corta, era de un tamaño perfecto. Su cabello iba suelto y con ondulaciones. Se veía realmente bella.

Al momento en el que su papá la entrego con Harry, ambos se miraron y sonrieron de una manera tan hermosa, que hizo que me dieran ganas de estar en su lugar, casándome y tratando de ser feliz.



{***}



La fiesta había comenzado. Todos, después de haber felicitado a los novios y de habernos tomado fotos con ellos, nos dirigimos hacia unos toldos, que cubrían las mesas y la pista de baile. Cada detalle había sido pensando por si en algún momento comenzara a llover, ya que nunca se sabía con el clima de nuestra hermosa ciudad.

Todos se estaban divirtiendo, después del primer baile como marido y mujer, Harry y Karen abrieron la pista de baile y todos nos fuimos a bailar. Como no llevábamos pareja, Melanie y yo bailábamos juntas, Dougie estaba con varios amigos hablando, Emma y Tom bailaban con nosotras y Danny se encontraba en la mesa, sentado con Vanessa.

Estuvimos bailando por un buen rato, hasta que pusieron música instrumental dándonos a entender que la cena estaba por ser servida, así que regresamos a la mesa y nos unimos a los demás que estaban ahí.

Sentía la mirada de Danny en mi de vez en cuando, ya que estaba sentado frente a mí, la primera vez que lo vi mirándome, le sonreí, pero ya las siguientes veces, preferí ignorarlo, ya que me sentía nerviosa.


(…)


Entrada la noche, seguíamos bailando y disfrutando. Hubo un momento, en el que me había encontrado a mí misma, siendo de mal tercio entre Tom y Emma, ya que Melanie había desaparecido de mi lado sin siquiera haberme avisado. La busque con la mirada y la vi bailando muy pegada a Dougie. Sonreí. Me disculpe con Emma y Tom y me dirigí hacia la mesa, para tomar mi bolso e ir al tocador.

Me daba algo de pena ver a Danny sentado, casi no se había parado a bailar y el generalmente era el alma de las fiestas. No entendía por qué no se paraba y disfrutaba de la fiesta, si Vanessa no quería. Les sonreí y me aleje de ahí.
Al llegar al tocador, me refresque un poco la cara y después me retoque el maquillaje. Al abrir la puerta, golpee a alguien. Era Danny.
—Lo siento, no sabía que estabas ahí. —dije.
—No te preocupes.
— ¿Disfrutas la fiesta? —pregunte.
—No mucho… —guardo silencio— Iba a dar un recorrido por el jardín, ¿quieres venir? —lo pensé por unos minutos. No sabía si era correcto, pero la verdad es que ya me había cansado un poco el ruido de la música.
—Sí, solo iré a llevar mi bolso a la mesa ¿de acuerdo?
—Te espero aquí entonces. —sonrió.

Regrese a la mesa y ahí estaba Vanessa revisando su celular. Ni siquiera me miro. Deje mi bolso y me fui a encontrar con Danny afuera de los sanitarios.

Estaba ahí, recargado sobre una columna de piedra, mirando hacia la nada, se le notaba algo perdido y melancólico. Al acercarme a él, su melancolía se disipo y me mostró una sonrisa.

Caminamos hasta que la música solo se escuchaba a lo lejos. De los arboles colgaban esferas de cristal que tenían velas dentro y pétalos blancos adornaban el pasto. Se veía hermoso.

Hablábamos de la boda y de lo felices que Karen y Harry se veían, cuando comenzó a sonar una canción lenta proveniente de la fiesta. Danny me miro con cuidado, como si no sabía cómo decir algo.
— ¿Qué? —pregunte, tratando de alentarlo.
— ¿Quieres bailar?
—No sé bailar canciones lentas. —admití nerviosa.
—Yo te guío. Es muy sencillo. —dijo acercándose lentamente a mí. Coloco mi brazo derecho sobre su hombro, mientras que su mano derecha, se posaba gentilmente sobre mi cintura. Con su mano izquierda, tomo la mía y comenzó a moverse suave y lentamente.

Conforme agarrábamos el ritmo de la canción, yo, ya más relajada y dejándome llevar por la canción, soltaba la mano de Danny, poniéndola sobre su hombro derecho, enrollándola en su cuello y el bajando su mano libre a mi cintura, encontrándose con la que ya tenía ahí. 

En ese momento, nos miramos a los ojos. Estábamos frente a frente, nariz con nariz. Yo observaba el azul de sus ojos y después sus labios. Sabía que esto estaba mal, sabía que debía separarme, pero no podía. El sentimiento de querer estar en sus brazos era más fuerte que nada, no pensaba en Adam, en Vanessa, en ninguna consecuencia. Solo éramos Danny y yo. Nadie más. Era uno de los momentos más especiales que habíamos tenido. Nos estábamos diciendo todo con la mirada. Sus ojos brillaban a la luz de la luna. Dejamos de bailar mientras nos seguíamos mirando. Iba a suceder. Danny comenzó a inclinarse hacia mí, y yo hacia él, cerrando poco  a poco los ojos. Nuestros alientos se mezclaban…
— ¿Sam...? —dijeron detrás de mí. Haciendo que nos separáramos rápidamente.
Me di cuenta de que esa voz era conocida para mí. Me gire y lo vi. Me miraba fijamente. Solo a mí, no a Danny. Sus ojos estaban sobre de mí. Era sorpresa, decepción, tristeza… un montón de cosas.

No me dio tiempo de hablar, cuando comenzó a caminar rápidamente, alejándose de nosotros. Iba a ir detrás de él, pero Danny me tomo del brazo, jalándome hacia él, impidiendo que fuera con Adam. Yo intente zafarme e ir detrás de él, pero Danny no me soltaba, molesta golpee su pecho y lo aparte. Danny abrió los ojos como platos y me miro sorprendido. Un nudo comenzaba a formarse en mi garganta.
— ¡No entiendes, Danny! —Grite frustrada— No puede terminar así.





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15+ likes.
No se les olvide comentar, por fa.

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lunes, 11 de marzo de 2013

Capítulo sesenta y nueve.

Muchas gracias por sus comentarios & likes
en la entrada anterior, como siempre, me hacen sonreir.
Espero todas y cada una de ustedes este bien.
Y como siempre, tambien espero que disfruten el capítulo.

Yanan.

P.d. ¿a alguna de ustedes les gusta "all time low"? si es así, haganmelo saber
en los comentarios, por fa :).

Por cierto, acá les dejo mi pagina de McFLY. No importa que no sean de México, pueden darle like: {xx}

¡Gracias!






El lunes siguiente, llegue a la tienda una hora después de la hora en la que se suponía debía estar ahí. Emma ya había llegado y estaba quitando el polvo de un librero. Le sonreí y pase a dejar mi bolso y abrigo y me acerque para saludarla y ayudarla a limpiar la tienda. Hoy no veníamos a trabajar, solo era el día de limpieza e inventario, así que había música proveniente de su iPod por todo el lugar.
— ¿Y bien? —me pregunto Emma después de un rato.
— ¿De qué?
—Pues quiero saber que paso entre Adam y tú el viernes, en todo el fin de semana no pudiste decirme…
—Pues nada, solo hablamos.
— ¿Nada más hablaron? ¿Cómo está todo entre ustedes?
Deje lo que estaba haciendo y me sacudí las manos.
—Todo está bien. Hoy nos vimos, de hecho por eso llegue tarde…
— ¿Por qué se vieron?
—El viernes yo iba a decidida a terminar con él, Em.
—Lo sé… ¿Qué paso? ¿No terminaron? —me imito, también dejando sobre una mesa un florero que estaba sujetando.
—No pude. —respondí haciendo una mueca.
— ¿Qué? Sam…
—Lo sé. —Bufé— ¿Pero qué otra cosa podía hacer? Adam iba tan sonriente que no quería arruinarle eso, me sentiría mal. No quiero lastimarlo. Además, dijo algo que me sorprendió, me dijo que se iría a Italia, así como yo me fui a Barcelona, dijo que aprovecharía para pensar bien nuestra relación y ver si sí le convenía irse allá a trabajar.
—Tal vez se fue con la esperanza de que lo de ustedes puede salir adelante si se toman un tiempo separados, pero ambas sabemos que eso no será posible, ya que no puedes estar con él si no lo quieres de esa manera.
—Por eso fui hoy a intentar hablar con él de nuevo, pero su vuelo se había adelantado, así que no alcance.
—Oh.
—Lo sé.



(…)



Al día siguiente, después de que terminamos el trabajo del día. Sentía que mi mala suerte iba creciendo. Primero, ayer no había logrado hablar con Adam; Y hoy, en la tienda, cuando iba saliendo de la parte de atrás con una caja, la cual contenía una vajilla de porcelana, me tropecé con un tapete, logrando que todo lo que venía dentro de la caja, se rompiera, así como mi pantalón favorito, dando como resultado unas rodillas lastimadas.

Después de haber sido casi atropellada por un tipo en una bicicleta, llegue a mi apartamento. Cerré la puerta detrás de mí, me quite las zapatillas dejándolas al lado de la puerta y como ya estaba obscuro, a tientas busque el interruptor de la luz, lo presione y no sucedió nada, la luz no encendió. Lo seguí haciendo por varios segundos, prendiendo y apagando el interruptor y nada, no prendí. Gruñí. De mi bolsa saque mi celular para usarlo de linterna, y así ir a buscar unas velas a la cocina.

Abrí todos los cajones, uno por uno, y nada, ¿Qué no tenía velas?, como no encontré nada ahí, fui de nuevo a la sala y busque más, hasta que recordé que tenía algunas en el baño y en mi habitación. Para cuando regrese a la sala, coloque dos velas sobre la mesa de centro y las encendí, después puse una en la cocina y guarde otras tres más, para mi habitación.
¿Y ahora que hacía? Todos vendrían a cenar a mi casa y yo no tenía luz. Decidí bajar y tocarle a su departamento al portero.
Muerta de la pena, y dos golpes a su puerta después, el abrió. Ya estaba vestido con su pijama, lo que hizo que me diera más pena el haber bajado a molestar.
— ¿Si?
—Hola, soy la chica del apartamento seis… este… quería ver si usted sabía el por qué no tenía luz.
—Bueno, la fecha de pago fue el viernes, supongo que fue por eso. —se encogió de hombros.
— ¿Porque no me avisaron?
—No sé, señorita, creo que si le dejaron un aviso en su buzón. ¿Algo más que necesite?
Regrese a mi apartamento con unas cuantas velas que el portero había sido amable de prestarme. Las encendí y las coloque en puntos estratégicos. Acomode un poco la sala y de mi celular llame a un restaurante mexicano y encargue la cena. Minutos después, golpearon a mi puerta. Peine mi cabello antes de abrir.

Era Danny, quien al momento en el que abrí la puerta, levanto una botella de vino y una bolsa de botanas mientras sonreía. Le sonreí de vuelta y lo invite a pasar. Al poner un pie dentro, soltó un silbido.
— ¿Qué? —pregunte cerrando la puerta, mientras tomaba la bolsa de botanas y caminaba hacia la cocina.
—Tu decoración…
—Oh sí, no tengo luz…
—Con razón, se me hacía muy romántico para una cena de amigos. —negué con la cabeza divertida, mientras servía las botanas.

Poco a poco todos fueron llegaron y todos preguntaban el porqué de las velas. Para cuando la cena llego y nos sentamos a comer, empezaron las preguntas sobre donde estaba Adam, yo solo respondía que se había ido a Italia a trabajar por unas semanas.

Harry pregunto si iría a la boda, y yo respondí que lo más probable era que no. Todos se lamentaron, menos uno, el no dijo nada al respecto y yo como siempre, trate de ignorar su falta de interés en Adam.

Cuando terminamos de cenar, nos fuimos hacia la sala y abrimos la botella de vino que había traído Danny. Emma me acompaño a la cocina por las copas de vino y para cuando regresamos, el único espacio disponible era al lado de Tom y entre Danny y Dougie. Era obvio donde debía sentarme. Puse las copas que traía en la mano sobre la mesa y Danny se estiro para tomar la botella y abrirla, al hacer ese movimiento, su brazo golpeo mi muslo, haciendo que un raro y ligero estremecimiento me recorriera.

Me senté en mi lugar y empezamos a platicar. Todos estaban emocionados por la boda. En la reunión solo faltaba Vanessa, pero no era algo que me preocupara a mí, además de que nadie parecía extrañarla. Según Danny seguía en Bolton y por mí, que se quedara allá el tiempo que fuera necesario.

Conforme la plática avanzaba, las copas de vino también lo hacían. Me puse cómoda, subiendo las piernas al sofá. Danny señalo mi rodilla mientras le daba un sorbo a su copa. No entendía por qué la había señalado, hasta que me di cuenta de que no había tenido tiempo siquiera de cambiarme de pantalón.
— ¿Qué te paso? —pregunto dejando su copa en la mesita.
—Oh, Sam se cayó hoy entrando a la tienda, se tropezó con una alfombra y rompió una caja que tenía una vajilla de porcelana —rio burlándose Emma— por eso tiene el pantalón roto y la rodilla lastimada.
—Y tú, en vez de ayudarme, te empezaste a reír como loca maniática. —trate de hacerme la molesta mientras bebía de mi copa.
—Me empecé a reír cuando vi que estabas bien y no te había pasado nada. —se defendió. Yo me encogí de hombros y le di otro trago a mi copa. Todos empezaron a reír por nuestro intento de pelea, pero termine uniéndome a ellos.

No me había dado cuenta de lo cerca que estaba de Danny, hasta que al reír, gire mi cabeza y vi su rostro cerca del mío. Me aleje lo más rápido posible, sin que se diera cuenta del porque lo había hecho. Él no lo noto, pero en cambio, puso casualmente su mano sobre mi rodilla sana.
—Claro, ríanse de mi mala suerte. —hable tratando de ocultar el ligero temblor de mi voz. —No ha sido mi día, también cuando venía, un tipo en una bicicleta estuvo a punto de arrollarme, después, llego a la seguridad de mi casa y me encuentro con que no hay luz, definitivamente tengo mala suerte. —dicho eso, otra gran carcajada inundo mi apartamento. No sabía si era por el vino que estábamos bebiendo o si en realidad mi mala suerte era demasiado divertida. O tal vez eran las dos cosas.

Para cuando el reloj marco la 1 de la mañana, todos empezaron a retirarse. Danny fue el último en irse, ya que se ofreció a ayudarme a recoger, aunque no era mucho lo que se debía limpiar, solo era poner los empaques de la comida y las botellas vacías de vino en una bolsa y lavar los platos , nada que no hubiera podido hacer sola.
—Gracias. —dije cuando terminamos.
—Creo que es hora de que yo también me vaya.
—Te acompaño a la puerta. —le sonreí y comencé a caminar, el me seguía de cerca.
Abrí la puerta, y salió.
—Gracias, de nuevo. —repetí.
— ¿Te llamo para salir? Deberíamos ir a dar un paseo, o algo por el estilo… como en los viejos tiempos. —sonrió.
—Claro, me encantaría. —le sonreí de vuelta.
—Ok, yo te llamo. —se acercó para despedirse de mí. Nos dimos un abrazo, y así nos quedamos por unos segundos, en esos momentos, me habían dado unas ganas tremendas de besarlo, así que me separe y palmee sus hombros.
—Bien…
—Bien…
— ¿Me llamas?
—Sí.
—Adiós. —le dije con la mano mientras se alejaba. No me espere a perderlo de vista, cuando cerré la puerta y comencé a apagar las velas.
Quería gritar de lo frustrada que me sentía.



(…)


El miércoles y el jueves pasaron, sin que sucediera algo interesante. Había ido al trabajo, después había salido a comer con las chicas y después de eso, regresaba a mi casa. El viernes, para cuando llegue a mi casa después de un largo día en la tienda y sin señales de vida de Danny, camine al baño y decidí que nunca había usado mi bañera, así que fui directo al baño y abrí la llave del agua caliente, para que se llenara. Fui a mi habitación por un libro, mis audífonos y una esencia de vainilla que había comprado en mi viaje a Nueva York. Fui directo al cuarto de baño y vertí un chorrito en la bañera, después coloque un poco de jabón y cerré la llave del agua. 

Encendí unas cuantas velas, para que el ambiente estuviera más relajado y apague la luz. Me despoje de mi ropa, me hice un moño en el cabello y me metí. Me acomode bien, tome mi libro, me coloque los audífonos, puse en aleatorio el reproductor y recargue mi cabeza en una toalla que había colocado detrás de mí.

La canción que empezó a sonar era un demo de los chicos llamado “Love Is Easy”, era una canción muy pegadiza, cursi y sobre todo hermosa. Habían dicho que la habían escrito dedicada a sus fans y eso me había parecido adorable, aunque aún no estaban seguros de sí deberían grabarla y ponerla en su próximo disco.

Aún recuerdo la primera vez que nos la habían enseñado, al término de la canción yo salte diciendo que el amor no era fácil y todos se habían reído de mí… Para mí, el amor es de las cosas más complejas que pueda existir, siento que si todo fuera fácil, le quitaría lo interesante… Bueno, no sé, esa fue mi explicación ese día y la mayoría de esa habitación solo se encogió de hombros, diciendo que tal vez tuviera razón, pero decidí no hacerlos cambiar de opinión, tal vez ellos si han tenido suerte en eso del amor, pero yo no y por eso se me hace complicado ¿Quién sabe?



(…)



Para cuando el agua de la bañera comenzó a ponerse fría, decidí que era tiempo de que me saliera y me prepara algo de cenar. A pesar de que era viernes, no tenía planes… digamos que no tenía muchos amigos a los que acudir, aunque a veces pensara que sería bueno buscar más.
Me puse una pijama de franela, deje mi cabello desordenado y me avente a la cama con un plato de cereal y mi computadora portátil. Tenía tiempo sin revisar mi bandeja de entrada, así que decidí que era una buena idea hacerlo ahora y ver si Melanie estaba conectada.
No correos nuevos. No Melanie online. Si Danny conectado.

Me envió una solicitud de video-llamada, la cual yo rechace.

·         Danny Jones:

¡Hey! ¿Por qué la cancelas?

·         Samantha:

No estoy en condiciones de video llamadas en estos momentos, Daniel. –envíe.

·         Danny Jones:

¿Por qué no? L

·         Samantha:

Porque ya estoy en pijama, y sin maquillaje. Podemos hablar por aquí si lo deseas.

·         Danny Jones:

De acuerdo… antes de que se me olvide, ¿mañana quieres ir a dar un paseo al zoológico?, No acepto un no por respuesta, de una vez te advierto.

·         Samantha: 

¿Entonces para que me preguntas si no tengo opción? :p

·         Danny Jones:

Para avisarte y que no hicieras planes, y si ya los tenías, para que los cancelaras J


Así estuvimos hablando prácticamente por una hora y media, hasta que le dije que estaba muerta y quería ir a dormir. Empezaba a preguntarme por el paradero de Vanessa, ya que tenía casi 1 semana sin salir con nosotros y Danny no parecía nombrarla a menos de que alguien le preguntara por ella –cosa que nadie hacía.

A la mañana siguiente, Danny había querido pasar por mí, pero yo me negué, diciendo que tenía que ir a la tienda por algo que se me había olvidado, lo cual, no era del todo mentira, había olvidado mi bufanda favorita.

El taxi se detuvo justo enfrente de la entrada del Zoológico, le pague y baje. Con la mirada empecé a buscar a Danny, pero no lo veía, hasta que a lo lejos, vi una mano alzarse entre toda la multitud, era él. Estaba de pie justo al lado de la taquilla, al estar frente a él, lo salude y me entrego mi entrada.

Caminamos hacia las personas que recogían el boleto y entramos. Tenía años sin ir a un Zoológico, así que estaba algo emocionada y enternecida por la clase de paseo que Danny había elegido.

Hicimos de todo. Recorrimos cada una de las jaulas, fuimos a ver a los reptiles, las aves, todo, vimos a toda clase de animales que me pudiera imaginar. Incluso nos habíamos tomado foto con unas aves, una boa constrictor, con los pingüinos y con una tortuga gigante. Alimentamos a las jirafas, a las ardillas y a unos monos. Tenía mucho tiempo que no me divertía de esa manera.

Nos paramos para descansar y comer algo en un quiosco que estaba dentro del lugar. Habíamos pedido unas hamburguesas grandes y dos refrescos del mismo tamaño. Nos sentamos en una mesa de cemento redonda, quedando frente a frente. Reíamos y hablábamos como hace mucho tiempo no lo hacíamos.

La noche estaba cerca, el sol se estaba ocultando y la gente se iba retirando. No quería que el día terminara, me la estaba pasando tan bien con él, que me ponía sentimental.
Mientras caminábamos hacia su auto, yo me cerraba la cremallera de mi chaqueta de piel en silencio. Danny lo noto.
— ¿Todo bien, Sam? —pregunto mientras me abría la puerta del copiloto.
—Sí… —suspire—demasiado, tanto que no quiero que el día termine. —lo mire apenada, el me dedico una sonrisa y una caricia en mi mejilla.
—Lo sé, yo tampoco quiero que termine. —a lo lejos, se escuchaba como cerraban las puertas del zoológico. —Me lo pase muy bien hoy, gracias por aceptar  venir conmigo.
— ¿Por qué no habría venido? ¿Quién puede resistirse a una visita al zoológico de Londres? —sonreí.

Nos montamos en el auto y Danny condujo hacia mi departamento.
Días como estos, me recordaban el porque me había enamorado de él, de su persona, de todo lo que era Danny Jones.
Miraba su perfil con una gran sincera sonrisa, el semáforo se había puesto en rojo, Danny detuvo el auto y me miró fijamente, dedicándome una más grande, que había hecho que hasta mi corazón sonriera, si eso era posible.



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jueves, 28 de febrero de 2013

Capítulo sesenta y ocho.


Aquí les dejo el nuevo capitulo. Bienvenidas las nuevas lectoras.
Espero les guste y me dejen sus comentarios al respecto.
Hoy si no tengo mucho que decir, ya que me pondré a escribir el siguiente capitulo.
Gracias por la espera.

Besos.

Y.

¡Por cierto! ¿sería mucha molestia si le dan like a mi página de McFLY? No importa que no sean de México, se los agradecería mucho: {xx}

¡Gracias!



Llegamos al mismo lugar en donde por primera vez Danny y yo habíamos ido a cenar solos, cuando los demás nos habían dejado encerrados en el armario. Entramos y pedimos lo mismo que habíamos pedido esa vez. Podría sentirse como un déjà vu, pero no lo hacía, había algo diferente.
Después de ordenar y de que nos dieran nuestras charolas con nuestro pedido, caminamos y buscamos una mesa libre. No decíamos nada, cosa que era demasiado extraño, desde que habíamos llegado habíamos hablado muy poco, no me preguntaba nada, no le preguntaba nada.
Mientras esperaba que Danny terminara de hacer una llamada, jugaba con mis uñas y observaba cada movimiento que hacía. Me encantaba verlo, podía estar todo el día haciéndolo.
— ¿Qué? —pregunto sacándome de mi ensoñación. Me había quedado fijamente mirándolo y no me había dado cuenta de que ya había terminado su llamada.
— ¿Te has preguntado alguna vez cuantas pecas tienes? —pregunte seria, a lo que el respondió con una gran y sonora carcajada que termino contagiándome.
—No realmente.
—Un día deberías intentarlo.
—Er… ¿no? —siguió riendo, mientras se ponía de pie, para que yo lo hiciera. Comenzamos a caminar hacia la salida. —Ya sabes que no les tengo mucho cariño que digamos.
Me abrió la puerta.
—Pues ya sabes que a mí me parecen demasiado adorables. —dije mientras salía, él se quedó un paso atrás de mi mirándome. — ¿Qué? —Me gire encarándolo— Ya te lo había dicho. No es algo nuevo.
Me miro de nuevo, después miro hacia su alrededor, volviendo a poner su mirada en mí.
— ¿Quieres caminar un rato? —alzó ambas cejas, mientras movía sus pies cómicamente. Solo asentí. Puso de nuevo la alarma de su auto a lo lejos y comenzamos a caminar.
Esta vez el silencio no era tan incómodo y extraño como el de la cena. Caminamos así por varios minutos. Se sentía bien, ya extrañaba estar así con Danny. De repente lo observaba de reojo y sonreía, aunque terminaba mordiendo mi labio inferior para que él no lo notara. Lo hice varias veces con éxito, hasta que me atrapo mirándolo y sonriendo ante su perfil.
— ¿Y ahora qué? —pregunto divertido. Negué con la cabeza también divertida y a la vez avergonzada, pero ahora no podía ocultar mi sonrisa. — ¿Cómo estuvo Barcelona? —pregunto por fin.
—Increíble. —respondí mientras me estremecía por una corriente de aire que había hecho que me abrazara a mí misma, el clima en Londres seguía siendo frío, a comparación de las soleadas semanas que había pasado con Melanie. Además, no sé por qué no se me ocurrió que haría frío, solo traía unos jeans, unas zapatillas sin tacón y una blusa ligera de botones al frente.
—Oh, ¿tienes frío?
—No, estoy bien, ¿tú? —pregunte, ya que él tampoco traía algo con lo que cubrirse.
— ¿Segura? Porque puedo regresar al auto a buscar algo. —señalo hacia atrás con su pulgar.
—Segura. —le sonreí y seguimos caminando.
—Entonces estuvo increíble..
—Sí, es una ciudad muy bonita, además, la casa de Mel y su mamá es espectacular… esta frente a la playa…

Empecé a platicarle de todo lo que habíamos hecho esas dos semanas. Otra corriente de aire me estremeció, logrando que varios mechones de cabello se salieran de su lugar. En un dos por tres, Danny había pasado su brazo derecho sobre mis hombros, atrayéndome hacia él. Trague saliva por la cercanía, pero no me importo, así que seguimos caminando así por un rato más hasta que llegamos a su auto de nuevo.

Pasaban de las 12 de la noche, cuando Danny me dejo en mi casa. Subimos a mi departamento, ya que no quería dejar que subiera yo sola mis maletas. Ya arriba, dejo las maletas de pie junto al sofá. Lo invite a quedarse un rato, para seguir platicando, ya que lo estábamos haciendo muy a gusto, pero se negó diciendo que ya era tarde y que ambos debíamos descansar. Una parte de mi agradeció su consideración, ya que estaba muerta, pero otra, se enojó y sintió triste, ya que nunca me había negado una invitación.
Nos despedimos con un beso y un abrazo. Lo vi alejarse por el pasillo hacia las escaleras, ya que el ascensor no servía, hasta que lo perdí de vista.

Cerré bien la puerta con llave y camine a la cocina por un vaso con agua. Tenía demasiada flojera como para deshacer mi maleta, así que solo tome mi bolso y me dirigí hacia mi habitación.
Saque un pijama limpia del armario y me cambie. Me tumbe en la cama con el celular en la mano, percatándome de que no tenía pila, así que lo conecte al interruptor y lo encendí. Al momento de hacerlo, unos veinte mensajes de texto  y unas llamas perdidas aparecieron ante mis ojos. Unas eran de Melanie, pero la mayoría de las llamadas y mensajes eran de Adam.
Le mande un mensaje de texto a Melanie avisándole que ya había llegado y después, me dispuse a llamarle a Adam, pero no respondía, así que le envié otro mensaje diciéndole que ya estaba en casa, lista para dormir.
Generalmente, los respondía rápidamente, pero ya habían pasado diez, quince minutos desde que se lo había enviado y no había respondido, deje mi celular a mi lado y me acomode para dormir.



(…)



El timbre de llamada de mi celular comenzó a sonar. Aún con los ojos cerrados, estire mi brazo para tratar de buscarlo entre todas las cobijas que me había puesto durante la noche. Cuando lo encontré, con un ojo cerrado y otro medio abierto, me di cuenta que era Adam. Eran las 7am. Me talle los ojos y respondí a su llamada, tratando de ocultar un bostezo.
—Hola. —dije, mientras me acomodaba en la cama. —Ayer se me termino la batería y no pude llamarte hasta más tarde, no recordaba que no había tenido tiempo de cargar el celular antes de salir de Barcelona. Cuando llegue aún tenía algo de pila, pero al salir del aeropuerto fui a cenar con Danny y para cuando llegue a casa y conecte el celular, me di cuenta de todos los mensajes y llamadas.
— ¿Danny? —respondió molesto.
—Err… sí.
— ¿Por qué viste a Danny?
— ¿Cómo que porque lo vi? Él fue por mí al aeropuerto.
—Tom iba a ir por ti, no él.
— ¿Por qué no fuiste tú? —pregunté algo molesta por su actitud. —Se suponía que tu irías por mí, no ellos.
—No pude, me salió un compromiso, así que le había pedido el maldito favor a Tom, quien no entendió que si no se lo pedí a cualquiera de los otros fue por algo.
Ya me encontraba sentada en la cama y más despierta que nunca. ¿Qué le pasaba?
—Bueno, ninguno de ellos es mi chofer, si no podías recogerme tú, me hubieras llamado y yo hubiera pedido un estúpido taxi, si tanto te molesta que Tom no me haya podido recoger, Adam.
Otra pelea más.
—No es eso.
— ¿Entonces qué es? —bufé— No me digas que no lo es, porque si lo es, te molesta que Danny haya ido por mí, pero lo peor del caso es que yo no le pedí que fuera por mí, de seguro Tom le pidió el favor porque él no podía, yo que sé, Adam.
— ¿Por qué se lo pidió a él y no a Doug o a Harry? —seguía con ese tono de voz que me hacía querer golpear cosas.
— ¿Sabes qué? No sé, pregúntaselo tú. —dije y termine la llamada.
Me pare de la cama y camine hacia el armario por un cambio de ropa deportiva. Saldría a caminar para despejar mi mente. Estaba que echaba humo por las orejas. Ya que me cambie, me hice una coleta, me puse mis tenis, tome mi iPod, y una ligera chamarra. Deje el celular sobre mi cama, al cual Adam estaba llamando. No le contestaría hasta que el coraje que me había hecho pasar, bajara.


(…)



Tenía ya un rato caminando, cuando mire el reloj del iPod y ya pasaban de las ocho de la mañana, me senté en una banca cercana a descansar un poco. Por lo agitada que estaba, humo blanco salía de mi boca, haciendo que mi mente viajara a cuando era pequeña y jugaba a suponer que estaba fumando y soltaba el humo del cigarrillo.

Un Beagle con la correa suelta se acercó a mí, me gustaban los perros, así que sin miedo me estire y lo acaricie. Comencé a hablarle, como si de una persona se tratara, hasta que una voz claramente conocida por mí, gritaba el nombre del perro.
— ¡Bruce! —Gire mi cuerpo para poder toparme con aquella mirada de ojos azules— ¿Sam? —Se sentó a mi lado, mientras tomaba una gran bocanada de aire. Le ofrecí de mi botella de agua, mientras me quitaba los audífonos y el gustoso la acepto, dándole un gran trago. —Que sorpresa verte por aquí, no sabía que también caminabas por acá.
—La verdad es que tenía mucho sin salir a caminar, así que hoy decidí salir para despejarme un poco y termine aquí. Pare para tomar un descanso y regresar al departamento.
— ¿Y eso?
—Solo quería pensar un rato. —deje de acariciar a Bruce y me cruce de brazos.
— ¿Todo bien?
—Sí. —le sonreí, el me examino por un rato.
— ¿Qué harás hoy?
—Dormir. —reímos juntos.
—Tom me invito a desayunar, vamos. —le hice una mueca. —Anda, mueve tu trasero, muero de hambre —se puso de pie y me incito a hacer lo mismo.
—No planeas ir caminando hasta casa de Tom ¿cierto?
—Obvio no, vamos a mi casa por el auto.
— ¿Y Vanessa viene?
—No. —respondió mientras acomodaba la correa de Bruce para que la pudiera tomar bien. El llevaría a Ralphie. —Está en Bolton por unos días.
—Oh. —fue lo único que dije. Él se enderezo y deposito la correa en mis manos, con una sonrisa.



{***}


Terminando de desayunar, entre los tres recogimos la cocina y nos sentamos de nuevo alrededor de la mesa para seguir platicando, yo les platicaba de mi viaje a Barcelona y ellos de lo que habían hecho esas dos semanas. Esto era tanto como los viejos tiempos, en los que los tres simplemente nos juntábamos para platicar de cualquier cosa. Tom nos preparó un poco de chocolate caliente, así que estuvimos un largo rato ahí.

Después de unos minutos, el teléfono de Tom sonó, él se paró a responder, mientras hablaba me miraba.
—Sí, aquí esta… de acuerdo… ¿te la paso?… ah, ok… adiós. —Tom colgó y se dirigió hacia nosotros. —Era Adam, dice que te ha estado llamando toda la mañana y que no le contestas.
—Obviamente, no le contesto porque no tengo mi celular conmigo.
— ¿Lo olvidaste? Puedes llamarle de aquí si quieres.
—No lo olvide, lo deje a propósito ahí. —comencé a jugar con la taza vacía, mientras sentía la mirada de ambos chicos en mí. — ¿Qué? —pregunté después de un rato.
— ¿Está todo bien entre ustedes? —preguntaba Tom, Danny no decía nada.
—Sí, solo quería un poco de tiempo para relajarme y pensar. —le ofrecí la mejor sonrisa que tenía. No iba a hablar de mis problemas con Adam con ellos, Tom ya me había ofrecido una solución al igual que Melanie y simplemente con Danny, no podía hablar de Adam, o más bien, no quería hablar de Adam con él.




{***}



La fecha de boda de Harry y Karen estaba próxima. Así que los preparativos estaban a la orden del día. Justamente, apenas ayer, había ido a comprar mi vestido con Emma, estaba encantada con él y moría por usarlo.

Las cosas con Adam, desde nuestra pelea sobre mi viaje a Barcelona, se habían enfriado, pero desde la última pelea que habíamos tenido, por el asunto del aeropuerto, casi no nos habíamos visto, ni hablado como lo hacíamos antes, más bien todo lo que hacíamos era producto de la costumbre de hacerlo, nos estábamos alejando poco a poco y eso me ponía un tanto mal, así que había decidido que hoy debíamos vernos y hablar.

Levante la mirada de la computadora, cuando la campanita que avisaba que un cliente había llegado, comenzaba a sonar. Era Adam, Emma del otro lado de la tienda me lanzo una mirada. Me puse de pie, tome mi abrigo y mi bolso y camine hacia él, lo salude como siempre. Me despedí de Emma con la mano, mientras Adam le hacia una seña.

Caminamos juntos, pero no tomados de la mano, solo sujetaba su brazo ligeramente y el caminaba con sus manos escondidas en los bolsillos de su abrigo, aunque había una pequeña separación entre nosotros . Iríamos a comer y después hablaríamos de todo lo que quisiéramos, necesitábamos saber que estaba pasando entre nosotros.
Algo había cambiado, no se sentía la presión entre nosotros, más bien era como una especie de liberación.

Llegamos al restaurante, fuimos hacía nuestra mesa, y dejamos que todo, absolutamente todo fluyera.






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domingo, 17 de febrero de 2013

Capítulo sesenta y siete.

¡HOLA! Creo que ahora me tarde menos en actualizar, que el capítulo pasado...
En fin, ahora si me inspire escribiendo el capítulo, y siento que es el mas largo que he escrito hasta el momento.
Espero les guste tanto como a mi, y BIENVENIDAS nuevas lectoras.

Muchas gracias a todas y cada una de ustedes por seguir leyéndome  no saben lo contenta que me pone ver que aun tengo "vistas" en mis entradas. Gracias por siempre entenderme, en serio, se merecen un abrazo de oso y una galletita.

Ahora si, pararé mi parloteo y las dejaré leer el capitulo.
Espero tengan una bonita semana.

Besos.
Yanan.



Tres horas después, me encontraba caminando por el aeropuerto de Barcelona, rezando para que se me hiciera fácil encontrar un taxi disponible. Moría por ver la cara de Mel cuando me viera.
Salí del aeropuerto algo nerviosa, ya que mi español no era demasiado bueno, solo sabía palabras básicas y sentía que me arrepentiría de no haber tomado las clases de español que ofrecía mi Universidad, en California. Para mi suerte, un señor regordete de ojos azules y cabello cano se acercó a mí. Yo era un poco más alta que él así que me dio ternura.
— ¿Necesita un taxi? —preguntó.
—No hablo muy bien el español. —respondí con una sonrisa.
—No se preocupe. —respondió en inglés y con una sonrisa. Suspire aliviada.
Me ayudo con mi equipaje y caminamos hacia su taxi. Era un señor agradable. Me abrió la puerta y subí. Ya dentro del auto, busque en mi bolso una hoja donde tenía anotada la dirección de la oficina de Melanie, llegaría ahí, ya que no sabía dónde vivía. Le enseñe la hoja a Manuel –el taxista- y el con otra sonrisa me dijo que no estábamos a más de veinte minutos de la Avenida Diagonal, que es donde se encuentra el edificio en donde trabaja Melanie.
Después de unos minutos hablando, se detuvo frente a un edificio de 6 pisos. Se bajó y yo me baje después de él, me ayudo con mi equipaje y le pague. Cuando me encontré a mí misma, sola fuera de ese edificio, la emoción estaba por hacerme brincar como niña pequeña, pero me contuve.
Arregle rápidamente mi cabello, me acomode mi bolso y tome mi maleta con mi mano derecha. Abrí la puerta y camine hacia la recepcionista. Los que se encontraban en la sala de espera me miraban raro.
— ¿Si? ¿En qué te puedo ayudar? —pregunto la chica frente a mí, y no tuve idea de lo que dijo, solo había entendido el “si” y el “ayudar”. Así que le pregunte si sabía hablar inglés, a lo que ella asintió.
—Busco a Melanie, ¿Está disponible?
— ¿Quién la busca?
—Oh, no quiero que sepa que soy yo, vengo a darle una sorpresa desde Londres… ¿podrías ayudarme? —la chica me miro con cuidado, pero al final acepto. Levanto el auricular y tecleo un número, después se encontraba hablando en español, mientras lo hacía no dejaba de mirarme… no tenía idea de lo que decía. Después de unos segundos que se me hicieron eternos, colgó.
—Puedes pasar, toma el elevador y ve hacia el 2do piso, y es la cuarta puerta a la derecha.
—Muchas gracias. —dije mientras me dirigía hacia los elevadores.

En cuanto llegue al segundo piso, seguí las indicaciones que la chica de la recepción me había dado. Tope con una puerta. No sabía si tocar o simplemente entrar. Opte por la segunda opción. Al momento en el que entre sin tocar, Melanie salto molesta de su silla. Sus reacciones pasaron de molestia a sorpresa en un dos por tres.
— ¿Qué? —grito. — ¡Sam! ¿Qué haces aquí? —le dio la vuelta a su escritorio y camino hacia mí. Nos abrazamos fuertemente dando brinquitos por toda su oficina.
—Quería darte una sorpresa.
— ¿Cómo? Samantha, pudiste haberte perdido, debiste de haberme avisado.
—No, si te hubiera dicho, mi sorpresa no sería sorpresa…
—Mi mamá se pondrá tan feliz de verte. —dijo caminando hacia su escritorio. Tomo el teléfono y comenzó a hablar en español. Minutos después colgó, tomo su bolso y camino hacia mí de nuevo. —Tengo la tarde libre, así que vámonos, tenemos mucho de qué hablar.

{***}

La casa de Melanie estaba como a una hora de donde trabajaba. Era un municipio llamado Arenys de Mar. Prácticamente había elegido ese lugar por su mamá, así que la distancia al final del día no le importaba con tal de verla feliz. Durante el trayecto habíamos pasado por unas cuantas casetas de pago, las cuales iban a cuenta de la empresa en la que trabaja Mel.
Antes de llegar a su casa, hicimos una parada para comprar algunas cosas para la cena, así que en cuanto nos subimos de nuevo a la camioneta, Mel condujo directo y sin escalas a su casa.
Se detuvo frente a una casa de dos pisos. Fachada blanca, con ventanas y puertas en acabados vanguardista, tal y como era el gusto de Mel, pero aun así se podía ver por las flores, que su mamá había puesto su granito de arena en la decoración. Me baje de la camioneta realmente sorprendida. Lograba sentir la brisa del mar golpear mi rostro.
Mel abrió la puerta principal y el olor a pastel de zanahoria golpeo mi nariz. Aventó las llaves sobre un cenicero de cristal que estaba en una mesa cerca de la entrada. Me hizo una seña para que no hiciera ruido.
— ¡Mamá, ya estoy en casa! —grito mientras caminábamos por un pasillo.
—Estoy en la cocina… ¿no es muy temprano para que estés aquí?
—Tengo la tarde libre. —contesto, yo la seguía muy de cerca.
Llegamos a la cocina, la mamá de Mel nos daba la espalda, así que Mel con una sonrisa me puso detrás de ella. —Oye, ma… tengo algo muy importante que enseñarte.
— ¿Sobre qué? —pregunto mientras seguía rayando algunas zanahorias. Era extraño verla cocinar después de tanto tiempo, pero sin duda, después de lo poco que lograba ver sobre ella, seguía siendo esa señora elegante y sofisticada. El cáncer no había hecho nada en ella.
— ¿Podrías mirarme cuando te hablo? —bufó Mel, lo que me hizo casi soltar una carcajada.
— ¿Qu…—pregunto girándose— ¡Oh Dios mío! —dijo cuándo Mel se movió hacia la derecha, dejándome en descubierto.
—Sorpresa. —respondí con una sonrisa. —camine hacia ella y la abrace, ella me respondió con un abrazo más fuerte. Me recordaba tanto a mi mamá, que estuve a nada de soltarme a llorar en su hombro.
—Sam hija, ¿Qué haces aquí? ¿Cuándo llegaste?
—Vine a visitarlas… llegue hoy, hace unas horas.
—Qué bonita sorpresa, justamente le he estado preguntando a Melanie que cuando te podría invitar. —puso sus manos sobre mis mejillas y beso mi frente. —Para festejar, haré yo misma de cenar… el postre ya está hecho, así que… Melanie, muéstrale la casa y su habitación, la cual no está preparada, por cierto, así que debes hacerlo también, mientras preparo la cena.
Dejamos a la mamá de Mel silbando en la cocina, y subimos al segundo piso, donde Mel me enseño la habitación de su mamá, después la suya, para por ultimo mostrarme la habitación en la que yo dormiría, que estaba justo al lado de la de Mel. Me ayudo a desempacar y después de un rato, su mamá nos llamó para cenar.
La cena fue increíble, me recordó tanto a las cenas que solíamos tener cuando éramos chicas y nuestras mamás se juntaban. Todo fue risas, confesiones, hasta que llego el postre, donde las tres nos pusimos un tanto sentimentales recordando a mis papás, después volvimos a sonreír, hasta que el reloj marco las once de la noche y la mamá de Mel se disculpó y subió a su habitación para descansar.
Nosotras nos encargamos de la limpieza, así que para cuando terminamos, Mel me invito a conocer su jardín, el cual tenía una terraza demasiado perfecta, una piscina y una hermosa vista a la playa. Mel tomo una toalla y salimos hacia la playa, caminamos en silencio por la arena y nos sentamos a ver el reflejo de la luna sobre el mar, mientras la brisa despeinaba nuestros cabellos.
—Ya veo porque no quieres regresar a Londres, esto es hermoso, Melanie.
—Lo sé, es hermoso… pero si quiero regresar a Londres, a veces… Solo que mi mamá esta tan feliz aquí que no quiero quitarle eso, además, no sé, sería difícil no despertarse con esta vista.
Estuvimos una hora más, hablando de todo y de nada, hasta que el cansancio se apodero de nosotras.
— ¿Cuánto tiempo piensas quedarte? —pregunto fuera de su habitación.
—No sé… ¿Cuánto tiempo puedo quedarme?
—El que quieras, por mí sería increíble que te quedaras aquí conmigo.
—No estaría mal, ¿sabes?
—Aunque quisieras, no podrías dejar Londres, Sam… o más bien, no podrías dejar de ver a Danny.
—Eso no es verdad.
—Sabes que si lo es. Ahora que lo recuerdo, no hemos tocado un tema que empieza con “h” y termina con “ombres”.
—Acabo de llegar, Mel, no me atormentes. Tenemos muchos días para poder tocar ese tema, solo déjame disfrutar unos días sin esa palabra, por favor. —rogué, a lo que ella rió.
—De acuerdo… descansa, Samantha. Te quiero. —me mando un beso y se encerró en su habitación, a lo que yo imite.
Después de haberme lavado la cara y cepillado los dientes y ponerme mi pijama, entre en esa cómoda cama y caí rendida en los brazos de Morfeo. Todo aquí era tan pacifico… era perfecto.

(***)
Era la mañana del jueves, el ambiente olía a hot-cakes, huevos y tocino. Me estire y camine hacia el baño para alistarme y bajar a desayunar. Me puse algo cómodo, unos shorts de mezclilla, una playera holgada que tenía un corazón rojo en el centro, y unas sandalias, deje mi cabello suelto para que se secara.
En la cocina, ya estaba Diana, la mamá de Mel, poniendo la mesa, bese su mejilla y me ofrecí a ayudarle. Minutos después bajo Melanie, con un atuendo más relajado que el que tenía ayer.
— ¡Buenos días! —dijo.
—Buenos días. —respondimos al unísono.
— ¿No iras a trabajar hoy? —pregunto Diana extrañada.
—Hable con Antonio, mi jefe —específico hacia mí, para que  yo entendiera—y le explique que había venido una amiga de visita, así que pedí unos días libres…
— ¿No te pueden correr por hacer eso? —pregunte.
—Claro que no, Antonio se volvería loco sin mí, soy como su mano derecha. —dijo dándole un sorbe a su zumo de naranja. —Prácticamente puedo hacer lo que quiera y no me pasa nada.
Mi celular vibro en mi bolsillo trasero, así que lo saque y vi que me había llegado un mensaje de Karen que decía que la boda se había adelantado a Marzo, ya que había habido una confusión de fechas y ya no podría ser en Mayo como lo habían planeado desde un principio, así que me pidió que le avisara a Mel y su mamá.
— ¿Quién es? —pregunto Mel, quien ponía en la mesa un plato lleno de hot-cakes, que le hacían compañía a otro que estaba lleno de huevos y tocino.
—Es Karen, dice que la boda se cambia para el 17 de Marzo…
— ¿Qué no era en mayo?
—Sí, pero la cambian por un problema que hubo en las fechas… dicen que esperan que ustedes si puedan ir.
—Yo no creo poder ir, Sam. —dijo Diana. —Ya tenía un viaje con unas amigas planeadas para esas fechas… pero estoy segura que Melanie si ira, ¿verdad?
—Claro que si… además de que ya me hace falta ir y ver como esta todo por allá.
—Mel, ¿estás de acuerdo que la boda es en casi 1 mes, cierto? —asintió, mientras pinchaba su tenedor en un pedazo de tocino. —Me preocupa tu trabajo…
—No debería… no me he tomado vacaciones desde que llegue, además de que como te dije, Antonio no tendrá problema alguno, además de que tengo una asistente muy eficiente.
—Una razón más a la lista de “ahora entiendo porque Melanie no regresa a Londres.” —dije lo que provoco risas en Mel y Diana.

{***}

Ya tenía casi dos semanas en Barcelona y mañana por fin, regresaría a Londres. No había hablado con nadie, salvo con Tom y las chicas, y de vez en cuando con Adam, pero solo en mensajes, fuera de eso, nunca nos llamamos.
Me encontraba tendida sobre una toalla a la orilla del mar, cuando una sombra se puso sobre mí, impidiendo el paso del sol. Abrí los ojos y vi a Melanie mirándome fijamente.
— ¿Qué?
—Ya mañana te vas. —dijo poniendo una toalla a mi lado. —No quiero que te vayas.
—Pero nos veremos de nuevo en unas semanas.
—No será lo mismo, Sam.
—Lo sé. —respondí mientras me sentaba. —Pero prometo venir a visitarte más seguido de lo que te puedas imaginar. Además, tú también puedes ir a visitarnos, así todos estaremos felices, ¿qué dices?
—No suena mal… tal vez si vaya algunas veces al año.
Nos quedamos en silencio, solo mirando hacia el horizonte y dejando que el romper de las olas inundara nuestros oídos.
—Oye, Sam… creo que es hora de que hablemos de la palabra que empieza con “h”…
—Lo sé.
—Bien, empieza tú… yo no tengo nada que hablar, ya sabes todo lo que ha pasado entre Dougie y yo últimamente.
—De acuerdo… No sé qué hacer, no me siento completamente feliz con Adam… no lo amo, Mel, y el a mí sí, pero yo no, y no puedo seguir haciendo que pierda su tiempo conmigo, es un buen chico, merece a alguien que en verdad lo ame, no nada más que lo quiera mucho…
— ¿Por qué no terminas con él?
—No quiero lastimarlo.
—Lo entenderá, Sam. Lo lastimaras más si le mientes sobre tus sentimientos, incluso tú también saldrás lastimada.
— ¿Ese es tu consejo? —Asintió
—Sí. Ahora solo tú debes tomar la última palabra. —suspire fuertemente. — ¿y Danny? ¿Sigue con Vanessa?
—Si… pero no lo entiendo, me sigue mandando señales confusas.
— ¿Tus sentimientos siguen exactamente igual hacia él?
—Más fuertes, creo yo.
—Me caen mal, ni tu ni el hacen algo al respecto.
—No es tan fácil.
—Claro que lo es, solo que ustedes lo hacen más difícil de lo que es, deberían abrir los ojos y darse cuenta de que son el uno para el otro. Él te complementa y tú lo complementas, no entiendo como no se dan cuenta de eso, todos lo sabemos menos ustedes, por dios, si pudiera y tuviera la manera de hacerlo, ya los hubiera unido de alguna u otra manera.
— ¿En serio crees eso?
—Demonios, sí. Y no soy la única, como te digo, todos saben que lo son, Sam… pero no podemos hacer nada, solo ustedes pueden.
—No creo que Danny deje a Vanessa… en Nueva York, cuando salíamos a caminar, ellos se quedaban atrás y se detenían afuera de tiendas de vestidos de novia. —suspire tristemente al recordar esas partes del viaje.
— ¿En serio? —pregunto asombrada.
—Sí.
—Oh… bueno…
— ¿Ahora entiendes que no es tan fácil?
—Ok, no es fácil… pero no es imposible. Y es lo último que diré sobre ese tema. —se puso de pie antes de que pudiera hablar al respecto. —Vamos a refrescarnos al mar.
Bufé molesta, pero al final la acompañe. En parte, Melanie tenía razón.


(…)


Era mi última noche aquí, así que las tres habíamos decidido que esto ameritaba una cena en algún restaurante de aquí.
Cuando terminamos el postre, de mi bolsa saque una cajita y un paquete, la cajita era para Mel, así que se lo acerque, y el paquete se lo di a Diana.
—Estos son mis regalos que les compre para Navidad, lo sé, algo tarde, pero no quería que no tuvieran algo de mi aquí. Así que espero les guste.
Ambas abrieron sus respectivos regalos. A Mel le había regalado un brazalete donde estaban grabadas nuestras iniciales y a Diana le regale una caja de chocolates de sus favoritos y un libro de un autor que le encantaba. Ambas me abrazaron y agradecieron el regalo. A Mel le mostré mi muñeca, ya que yo también tenía un brazalete exactamente igual, como señal de nuestra amistad.
Después de caminar un rato por la playa, decidimos que era hora de regresar a la casa.

Mel y yo decidimos pasar la noche juntas, como cuando éramos pequeñas. Nos acostamos en su cama y nos quedamos mirando el techo mientras recordábamos nuestra niñez… El reloj marcaba las 7am cuando por fin nos quedamos dormidas.


(…)


A causa de nuestra larga noche, nos despertamos a las tres de la tarde, así que con prisas, ya que debía estar en el aeropuerto a las cinco, ya que mi vuelo salía a las seis de la tarde, Mel me ayudo a empacar todo mi equipaje.
Eran las 4pm. Me despedí de la mamá de Melanie e intente no llorar de nuevo. Salimos hacia la camioneta de Melanie, subimos mi equipaje y mientras íbamos en el auto, íbamos comiendo unos sándwiches que su mamá nos había preparado.
Faltaban 10 minutos para las 5pm, así que Melanie casi corriendo detrás de mí, me acompaño a documentar mi equipaje, para cuando lo hice, ya pude relajarme. Nos sentamos en la sala de espera y seguimos hablando hasta que anunciaron mi vuelo.
— ¿Cuándo iras a Londres?
—Tratare de estar allá un día antes de la boda y si no, nos veremos el mismo día, pero nos veremos, eso es lo importante.
—Más te vale ir, no puedes no ir.
—Estaré ahí, lo prometo. ¿Quién te recogerá en el aeropuerto?
—Hable con Adam, así que él lo hará.
—Bien… entonces, ¿ya tomaste una decisión? —yo asentí. —Perfecto, me cuentas que paso.
Ahora sí, nos despedimos con un abrazo y yo camine hacia la señorita que sellaba los boletos, diciéndole adiós con la mano.



{***}


Eran las 9 de la noche cuando aterrizamos en Londres. Salí del aeropuerto con mis maletas, esperando ver a Adam por ahí, pero al no hacerlo, me senté en una de las banquitas que se encontraban afuera. Saque mi celular y me puse a hacer nada con él.
—Hola…—susurraron en mi oído, haciendo que brincara en mí asiento, asustada, girándome para ver la cara de Danny a tan solo unos centímetros de la mía.
— ¡Danny! ¿Qué haces aquí? ¡Me asustaste! —Dije poniéndome de pie, con el pulso al 100%
—La última vez me dijiste que solo dijera “hola.”
—Si mal no recuerdo, dije que me saludaras como la gente normal, no que casi me mataras… —exhale el aire que no me había dado cuenta que estaba conteniendo. — Y ¿Qué haces aquí?
—Vine por ti.
— ¿Por mí? —Pregunte confundida — ¿Y Adam? —el solo se encogió de hombros apenado.
— ¿Tienes hambre? —pregunto mientras tomaba mi equipaje y me incitaba a comenzar a caminar.

No entendía nada, parecía que el mundo estaba contra mí, tratando de mantenerme confundida en una daily basis.







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